LA TIRANÍA DE LAS LÁGRIMAS DE CARTÓN PIEDRA. Por Carlos Garcés.
Existe una categoría de ciudadano contemporáneo que es un prodigio de la incoherencia: el indignado selectivo. Es ese espécimen que se rasga las vestiduras, se pone el lazo negro reglamentario y gasta hectolitros de lágrimas de cartón piedra porque un pez gordo de la política, de esos que han vivido a cuerpo de rey legislando contra la vida y arruinando el futuro de millones, sufre un final trágico. Se conmueven ante el foco, porque la televisión se lo ordena y porque el dogma oficial exige una empatía de carnet.
Pero guardan silencio. Silencio absoluto, cómplice y nauseabundo ante el goteo incesante, diario e industrial del aborto que destruye vidas antes de nacer. Silencio absoluto ante la eutanasia estatal convertida en solución barata para deshacerse de los enfermos. Silencio cómplice ante los estragos silenciados de un brebaje experimental inyectado a la fuerza bajo la amenaza de la exclusión social. Y, por supuesto, aplauso sumiso ante el desfile de leyes ideológicas de ingeniería social —como las imposiciones de las leyes LGTBI— que dinamitan la verdad biológica, la familia y el sentido común.
¿Cómo se llama a eso? No es despiste. No es falta de información. Es pura y llana lobotomía moral.
Es la asombrosa facilidad con la que un rebaño amaestrado prioriza el dolor oficial frente a la masacre legalizada. Les han enseñado a llorar a la carta y a embestir con furia de borrego contra cualquiera que señale las contradicciones del sistema. Se indignan en las redes no por sentido de la justicia, sino por reflejo condicionado; insultan al mensajero porque la verdad les revuelve las tripas y pone en evidencia su propia cobardía moral.
Y lo ocurrido estos días en mi muro de Facebook con la publicación sobre Fátima Báñez es la prueba irrefutable de todo esto: ha bastado con señalar las contradicciones del luto oficial para que la legión de ofendidos a sueldo del dogma salte con insultos y berrinches, demostrando que su reacción histérica no es más que el reflejo de su propia miseria intelectual.
Prefieren la comodidad del rebaño antes que el peso de la conciencia. Que sigan ladrando. El rebaño siempre aplaude al pastor que lo lleva al matadero; los hombres libres simplemente nos negamos a formar parte de su circo.
30 de octubre de 2026.
Nota del autor: Las personas que votan o defienden a cualquier político o a quienes viven de la política no tienen cabida en mi espacio ni son bienvenidas. Son consideradas "personas non gratas". Absténganse de comentar o interactuar: en cuanto detecte la más mínima complicidad con el circo electoral, procederé al bloqueo inmediato.
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