LA HIPOCRESÍA DEL DISFRAZ: SE ASUSTAN DE HALLOWEEN MIENTRAS FIRMAN EL PACTO CON EL INFIERNO A DIARIO. Por Carlos Garcés.
LA HIPOCRESÍA DEL DISFRAZ: SE ASUSTAN DE HALLOWEEN MIENTRAS FIRMAN EL PACTO CON EL INFIERNO A DIARIO. Por Carlos Garcés.
Hay que tener el rostro de cemento armado —o el alma completamente anestesiada— para rasgarse las vestiduras hoy porque unos cuantos celebren una fiesta importada y de diseño comercial, mientras se mira hacia otro lado ante el verdadero aquelarre que lleva devorando España a fuego lento.
Nos vienen con el cuento de que Halloween abre las puertas al mal y al infierno. ¡Qué ingenuidad tan cínica, o qué ejercicio de cobardía colectiva! Las puertas del infierno en nuestra patria no se abren una noche al año con antifaces de plástico y calabazas huecas; llevan décadas abiertas de par en par, A PLENO SOL y A DIARIO.
El verdadero mal no habita en leyendas ni en ritos de pacotilla; el mal se sienta en los Consejos de Ministros, dicta la norma desde los gobiernos autonómicos, provinciales y locales, y cuenta con la complicidad y el aplauso de una oposición comparsa que sostiene el mismo engranaje. Legislan todos ellos a una desde sus parcelas de poder, firmando decretos de ruina y desprecio contra la vida y la libertad de los ciudadanos. Ese mal palpable, institucional y cínico arrancó su fase más descarada y criminal una fatídica primavera, concretamente aquel 14 de marzo de 2020, cuando convirtieron las calles en campos de concentración y los Derechos fundamentales en papel mojado.
Pero lo verdaderamente terrorífico, el auténtico pacto con Satanás, no es lo que hicieron los verdugos desde arriba, sino la abyecta sumisión de los de abajo. El ciudadano medio se aterra ante un disfraz de cartón piedra, pero aplaude, consiente, justifica y legitima a los tiranos que le arrebatan el pan, la salud, el futuro y la dignidad. Se asustan de la muerte en los altares paganos, pero acuden puntuales y sumisos a depositar su papeleta en las urnas del circo electoral para renovarle el contrato a la misma gentuza que los pisotea.
Esa es la gran hipocresía nacional: indignarse por la superficie mientras se besa la mano del verdugo. Temen al demonio de las películas, pero le rinden culto cotidiano al mercenario de turno que vende la soberanía y arruina a las familias.
Mientras el pueblo siga agachando la cabeza, consintiendo el atropello y legitimando a los responsables de esta distopía, el verdadero infierno no estará bajo tierra: lo tendremos instalado, con alfombra roja y aplausos, en el corazón mismo de nuestras instituciones. Menos miedo al muerto viviente de pega, y mucha más rebeldía y desobediencia frente a los tiranos de carne y hueso que nos gobiernan en todos los rincones de España, sin excepción alguna.
31 de octubre de 2026.
Nota del autor: Las personas que votan o defienden a cualquier político o a quienes viven de la política no tienen cabida en mi espacio ni son bienvenidas. Son consideradas "personas non gratas". Absténganse de comentar o interactuar: en cuanto detecte la más mínima complicidad con el circo electoral, procederé al bloqueo inmediato.
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