Si la voz de Frank Sinatra definió el siglo XX, el piano de Bill Miller le dio la sombra, el matiz y el refugio perfecto. Detrás del carisma del indiscutible rey del swing siempre estuvo la presencia sobria y brillante de este pianista neoyorquino, cuyo tacto sobre el marfil y su maestría al frente de la orquesta se convirtieron en el acompañamiento indispensable para la carrera de "La Voz" durante más de medio siglo.
Nacido en Brooklyn el 3 de febrero de 1915, William "Bill" Miller comenzó su andadura musical en la vibrante era de las big bands de los años treinta. Curtido en los escenarios junto a gigantes del jazz de la talla de Red Norvo, Mildred Bailey, Charlie Barnet, Tommy Dorsey y Benny Goodman, Miller desarrolló una técnica de elegancia aristocrática, caracterizada por un toque sutil, económico en adornos innecesarios pero de una precisión armónica devastadora. Aunque cruzó caminos con Sinatra por primera vez en 1941, el destino no los unió profesionalmente hasta diez años después. En noviembre de 1951, mientras Miller tocaba en el salón del Desert Inn de Las Vegas, el legendario compositor Jimmy Van Heusen —consciente de las dificultades de Sinatra para encontrar un pianista que estuviera a su exigente altura— recomendó encarecidamente la incorporación de Miller. Fue el inicio de una alianza histórica.
Bill Miller no era simplemente el acompañante de Sinatra; era su ancla en el escenario, su director musical de confianza e incluso el director de orquesta que tomaba la batuta en multitud de sus grandes conciertos alrededor del mundo. En las distancias cortas y en las baladas nocturnas de medianoche —aquellas saloon songs que Sinatra interpretaba bajo un único foco de luz—, el piano de Miller era el único interlocutor del cantante; mientras que, en las grandes noches de gala, su batuta marcaba con absoluta precisión el pulso de la big band. Álbumes indispensables de la historia de la música como Songs for Young Lovers (1954), In the Wee Small Hours (1955) o el célebre Frank Sinatra Sings for Only the Lonely (1958) llevan la impronta inconfundible de sus manos. La vida, sin embargo, no escatimó en momentos oscuros. En 1964, una tragedia sacudió a Miller cuando un brutal deslizamiento de tierra en Burbank, California, destruyó su hogar y se cobró la vida de su esposa, Aimee. Durante aquel durísimo trance, Sinatra permaneció a su lado como un verdadero hermano. Años más tarde, en 1978, una inexplicable ruptura distanció a ambos artistas, pero el destino corrigió el rumbo y en 1985 el maestro Miller regresó al lado del cantante para no separarse jamás. De su complicidad quedan para la posteridad testimonios en directo majestuosos, como el inolvidable Sinatra at the Sands (1966) con la orquesta de Count Basie, The Main Event (1974), o sus históricas grabaciones en París, Londres y Las Vegas.
La devoción mutua entre ambos alcanzó su punto más emotivo el día del adiós. En mayo de 1998, durante el funeral de Frank Sinatra en Beverly Hills, fue el propio Bill Miller quien se sentó al piano para interpretar, en un silencio reverencial, el tema "One for My Baby (and One More for the Road)", despidiendo a su gran amigo con la misma melodía que tantas noches compartieron en los escenarios del mundo. Tras tres años de retiro, el maestro volvió a sentir la llamada de los escenarios. Con 86 años, el hijo del ídolo, Frank Sinatra Jr., lo convenció para regresar a la carretera. Durante ocho años, Miller continuó ofreciendo lecciones magistrales de piano, siendo llevado en ocasiones en silla de ruedas hasta el instrumento, pero manteniendo intacta la magia de sus dedos. El maestro Bill Miller falleció el 11 de julio de 2006 a los 91 años en el Hospital General de Montreal, a causa de complicaciones tras un ataque al corazón sufrido durante una gira. Murió como solo los grandes músicos saben hacerlo: en la carretera, con el piano de fondo y manteniendo vivo el sonido inigualable de una época dorada que, gracias a sus teclas y a su batuta, jamás se apagará.
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