QUIEN DEFIENDE EL ABORTO Y LA EUTANASIA DEFIENDE LAS CÁMARAS DE GAS. Por Carlos Garcés.


QUIEN DEFIENDE EL ABORTO Y LA EUTANASIA DEFIENDE LAS CÁMARAS DE GAS.

Por Carlos Garcés.


Existe una continuidad moral perfecta, una línea recta y sin fisuras, que une los episodios más oscuros del siglo XX con la legislación contemporánea de la cultura de la muerte. Lo que en el pasado se ejecutaba mediante la fuerza bruta y los métodos de exterminio masivo en cámaras de gas, hoy se practica bajo el amparo de la asepsia estatal, la propaganda mediática y el lenguaje eufemístico de la burocracia sanitaria. El fondo sigue siendo exactamente el mismo: la pretensión del Estado y de la sociedad decadente de arrogarse el poder sobre quién tiene derecho a vivir y quién debe ser eliminado.

Tanto el aborto como la eutanasia no son «derechos», ni «conquistas sociales», ni «actos de compasión». Son asesinatos legalizados e industrializados. En el caso del aborto, el régimen condena al ser más indefenso e inocente en el vientre materno, despojándolo de su condición humana mediante una manipulación lingüística abominable. En el caso de la eutanasia, se deshace de los improductivos, los ancianos y los enfermos, despachando el desamparo institucional con una inyección letal con sello oficial.

La mecánica perversa no ha cambiado en absoluto:

  • La deshumanización del indefenso: Para enviar a millones de inocentes a la muerte, el totalitarismo del siglo XX necesitó primero rebajar su categoría humana a la de subhumanos o prescindibles. Hoy, la ingeniería social utiliza el mismo procedimiento: llama «cúmulo de células» al hijo por nacer o «muerte digna» a la eliminación del que sufre.
  • La complicidad médica e institucional: Ayer fueron médicos y gabinetes burocráticos quienes diseñaron y ejecutaron los planes de eugenesia e higienización social. Hoy son estructuras sanitarias e institucionales las que firman las sentencias de muerte, convirtiendo el acto médico en una herramienta de exterminio legalizado.
  • La anestesia moral de la masa: El verdadero pilar que sostiene esta maquinaria no es solo el político que redacta la ley, sino la masa complaciente que mira hacia otro lado, justifica el crimen por comodidad personal o lo valida mediante el voto en la farsa partidocrática.

Llamar «progreso» a la capacidad de un país para liquidar a sus hijos antes de nacer y a sus ancianos antes de morir es la mayor perversión de la historia moderna. Ninguna sociedad que financie y ampare el asesinato de sus miembros más débiles posee legitimidad moral alguna. No hay término medio, no hay relativismo posible ni cabe la tibieza: quien justifica, practica o tolera esta matanza sistemática es cómplice directo de la barbarie.

Carlos Garcés.
11 de septiembre de 2026.







"SENATOR". Carlos Garcés.

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