LA TRAMPA DE LA «UNIÓN» VACÍA: DESOBEDIENCIA INDIVIDUAL O REBAÑO MASIVO. Por Carlos Garcés.

 




LA TRAMPA DE LA «UNIÓN» VACÍA: DESOBEDIENCIA INDIVIDUAL O REBAÑO MASIVO. Por Carlos Garcés.

​Existe una muletilla recurrente, tan repetida como estéril, que reaparece cada vez que alguien señala la Podredumbre del sistema: «Tenemos que unirnos», «Si no nos unimos todos, no logramos nada», «Hace falta una gran unión de la ciudadanía».

​Ya está bien de la maldita «unión» como consigna anestésica.

​La unión, proclamada en abstracto y en masa, no es un acto de fuerza; es la válvula de escape del cobarde. Es el subterfugio de quien espera a que el vecino mueva ficha para no asumir el riesgo de ponerse en pie solo. Buscar la «unión» antes de haber demostrado la capacidad individual de decir no ante la injusticia cotidiana solo sirve para una cosa: formar rebaños más grandes, más lentos y, por tanto, más fáciles de controlar y pastelear por el primer charlatán de turno.

​Las uniones que suman no se convocan: se encuentran

​Para que una unión tenga valor, dignidad y eficacia real, debe cumplir tres condiciones irrenunciables: la verdad, la coherencia y la igualdad en la acción.

  1. ​La unión nace por abajo, no desde la pancarta. La verdadera resistencia no se firma en grupos de mensajería ni en llamamientos grandilocuentes a la «humanidad». Empieza en el terreno de juego real: en tu barrio, en tu pueblo, en tu trabajo, en tu economía doméstica y en tus decisiones diarias.
  2. ​La alianza entre iguales. Solo pueden unirse quienes ya practican la insubordinación por cuenta propia. Unirse con quien sigue pagando obediente con el móvil, acudiendo a las urnas cada cuatro años a revalidar la partitocracia y agachando la cabeza ante cada atropello administrativo no es una alianza: es un lastre.
  3. ​El cruce en el barro. Cuando tú decides desobedecer en tu entorno vital, retirarle el aliento al Estado y asumir los costes de tu dignidad, inevitablemente te cruzarás con otros que están haciendo exactamente lo mismo a tu lado. Ahí, y solo ahí, surge la unión que suma. Una unión fundada en los hechos, no en las palabras.

​De nada sirve estar despierto si no te levantas de la cama

​El sistema no le teme a una masa heterogénea gritando la palabra «unión» en una plaza un domingo por la tarde para volverse a casa a ver la televisión. Le teme a la masa invisible de individuos autónomos que, sin necesidad de líderes ni coordinadoras, ejercen la desobediencia diaria: los que rechazan la bancarización digital, los que estrangulan económicamente al régimen, los que niegan el saludo y la pleitesía al político de turno en su municipio y los que colapsan la burocracia por objeción de conciencia.

​Quien no es capaz de mantenerse firme en solitario ante la tiranía cotidiana jamás lo hará acompañado. La próxima vez que alguien responda pidiendo «unión», que empiece por mostrar su hoja de servicios en la desobediencia individual.

​Menos llamadas a la unión de salón y más insubordinación en la vida real.

Carlos Garcés.
4 de septiembre de 2026.











"SENATOR". Carlos Garcés.

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