LA RENUNCIA A LA RAZÓN: ENTRE LA FE VERDADERA EN DIOS Y EL YUGO DE LAS RELIGIONES. Por Carlos Garcés.
A raíz de un corto vídeo que vi hace unos días y que hoy comparto con vosotros —una pieza que invita a reflexionar profundamente sobre el yugo de las religiones y el control que ejercen sobre la mente humana—, me he reafirmado en una convicción que llevo tiempo observando. Existe una tendencia preocupante en nuestra sociedad a refugiarse en lo místico, lo religioso y lo presuntamente espiritual para evitar asumir las propias responsabilidades.
Aferrarse a dogmas para no plantar cara a los problemas del mundo terrenal no es un acto de piedad, sino una actitud de profunda cobardía. Cuando el individuo decide inhibirse y esperar que una fuerza superior resuelva lo que a él le corresponde combatir, el mal encuentra el terreno libre para prosperar, tanto en España como en el resto del mundo.
Existe una frontera abismal entre la fe en Dios y la adhesión a una estructura religiosa. Creer en Dios es una convicción íntima, una relación directa con lo trascendente que apela a la conciencia, al libre albedrío y a la dignidad del ser humano. Las religiones organizadas, en cambio, son construcciones terrenales, aparatos de poder orientados al control de las masas, la imposición de dogmas y la anulación del juicio individual.
Creer en Dios no tiene nada que ver con respaldar jerarquías ecuménicas, ritos vacíos ni instituciones eclesiásticas que históricamente han comercializado con la fe. La verdadera convicción espiritual exige un compromiso activo con la verdad y con la justicia en la vida real, no la sumisión a manuales de conducta dictados por hombres de fe dudosa.
A lo largo de la historia, las religiones organizadas —sin excepción— han demostrado una enorme facilidad para alinearse con los poderes de cada época con tal de preservar su estatus y sus privilegios. En los últimos tiempos, esta dinámica ha quedado en evidencia al ver cómo las principales confesiones e instituciones religiosas han colaborado activamente con los postulados y directrices de la criminal y genocida AGENDA 2030.
Lejos de actuar como un freno moral frente a los dictados de los organismos globales, los estamentos religiosos han asumido e impulsado de forma uniforme narrativas que promueven la homogeneización social y la pérdida de soberanía individual. Al subordinar sus discursos a estos consensos globales, las estructuras religiosas han vuelto a demostrar su verdadera naturaleza: la de funcionar como correas de transmisión del poder de turno, priorizando la agenda política e institucional por encima de la libertad de conciencia y del sentido crítico de los creyentes.
La verdadera liberación del pensamiento exige distinguir con claridad entre la dimensión personal de la fe en Dios y el engranaje burocrático de las religiones. Solo asumiendo la responsabilidad individual sobre nuestra vida y nuestro entorno, sin delegar nuestra conciencia en intermediarios ni someternos a agendas impuestas, será posible defender la libertad y la verdad en el mundo actual.
24 de septiembre de 2026.

Comentarios
Publicar un comentario