Salen a la calle convencidos de liderar una rebelión, pero solo protestan por los síntomas que el régimen les permite señalar. Es la hipocresía del indignado a tiempo parcial: aquel que vocifera en actos manipulados mientras calla, acata y colabora con la verdadera arquitectura del poder.
Toda movilización que no exija la derogación inmediata de la criminal y genocida AGENDA 2030, que no señale la deshumanización tecnológica ni denuncie por igual a toda la casta política, no es más que una válvula de escape diseñada por el propio sistema. No hay rebeldía en la protesta teledirigida. Quien no ataca la raíz del plan no está luchando por su libertad; solo está haciendo el juego al circo del poder.
La soberanía no se pide en manifestaciones permitidas: se ejerce cada día mediante la desobediencia y el rechazo frontal a la mentira.

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