EL GRAN ENGAÑO DEL «NO HAY DINERO» Por Carlos Garcés.



EL GRAN ENGAÑO DEL «NO HAY DINERO» Por Carlos Garcés.

​Nos han repetido hasta la saciedad el mismo mantra contable: «no hay dinero». Lo pronuncian con rostro acongojado cuando se habla de garantizar pensiones dignas, de reforzar la atención social o de aliviar la asfixia fiscal que sufre el ciudadano de a pie. Sin embargo, la falsedad de esa excusa queda al descubierto en cuanto uno observa la transformación impuesta en las calles de cualquier pueblo, ciudad o barrio de este país.

​Para lo que atañe al bienestar real de la gente nunca hay recursos; en cambio, las arcas públicas se vuelven inagotables para financiar obras innecesarias, implantar restricciones circulatorias cada vez más asfixiantes y llenar el espacio público de cámaras de control. Bajo los amables eufemismos de la «movilidad sostenible» o las «ciudades de los 15 minutos», se están diseñando verdaderos guetos urbanos destinados a acotar la libertad de movimiento de la población. Todo ello enmarcado dentro del guión global que impone la criminal y genocida AGENDA 2030, una hoja de ruta asumida y ejecutada al milímetro por la práctica totalidad del arco político, sin excepción alguna de siglas.

​Hoy en día, el dinero en sí mismo parece importarles poco en términos estrictamente financieros: se imprime, se distribuye y se utiliza sin reparar en gastos para comprar voluntades, financiar estructuras de poder y moldear el entorno a su medida. La cuestión económica no es un límite en esta fase. Sin embargo, cuando toda la red de control, peajes urbanos, zonas de bajas emisiones y vigilancia digital esté completamente desplegada y terminada, el dinero sí volverá a importar, pero esta vez como la cadena definitiva con la que consolidar una esclavitud económica y social de la que ya no habrá escapatoria ni capacidad de respuesta.

​Lo más trágico de este proceso no es solo el diseño de las cúpulas políticas, sino el silencio y la complicidad de la práctica totalidad de la sociedad. El 99,5% de la población, ya sea por acción u omisión, asume obedientemente cada nueva restricción y la acata sin cuestionar. Más aún: ratifica y revalida periódicamente esta misma agenda cada vez que acude masivamente a las urnas para dar su voto a unos u otros partidos que, en el fondo, comparten la misma hoja de ruta.

​Conviene tenerlo claro cada vez que nos anuncien nuevos impuestos o aleguen falta de presupuesto: no es que falte dinero, es que el dinero se está empleando para construir la jaula. Y cuando la jaula esté cerrada por completo, no habrá recurso ni pataleta que valga; ni tan siquiera quedará la capacidad para poder denunciarlo.

Carlos Garcés.
14 de septiembre de 2026.











"SENATOR". Carlos Garcés.

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