¿CEUTA SÍ, LA VIDA NO?. Por Carlos Garcés.


¿CEUTA SÍ, LA VIDA NO?. Por Carlos Garcés.

Las calles se llenaron de gente, de banderas, de gritos. Se alzó la voz con fuerza ante lo que muchos consideraban una injusticia, y el clamor fue unánime, visible, potente. Pero no es mi intención valorar ni respaldar esa manifestación, ni darle ningún mérito. Lo que señalo aquí es la hipocresía selectiva que queda al descubierto cuando se elige qué causas alzar y cuáles silenciar.

Porque mientras miles alzaban la voz —con razón o sin ella, no es lo que aquí me ocupa—, millones de vidas —las más indefensas, las que no tienen voz, las que no pueden manifestarse— seguían siendo borradas cada día al amparo de unas leyes que deberían avergonzarnos como sociedad. El aborto y la eutanasia no son “derechos”: son mecanismos legales que permiten quitar la vida, y frente a ellos, el silencio es ensordecedor.

¿Dónde están las multitudes para exigir el respeto a la vida desde su concepción hasta su muerte natural? ¿Dónde están los manifiestos, los letreros, las voces que se rompen por quienes no pueden defenderse? ¿Acaso una frontera o cualquier otra reivindicación merecen más atención que el latir de un corazón que empieza, o que el último aliento de quien ya no puede sostenerse

No se trata de equilibrar una causa con otra. Se trata de coherencia. No se puede gritar por una cosa y callar ante otra igual o más grave. No se puede decir que se defiende algo justo y permitir, al mismo tiempo, que se destruya lo más sagrado: la vida humana. Si hay energía, voz y capacidad de convocatoria para unas cosas y ceguera, silencio y sumisión para otras, no hay principios: hay selección, conveniencia y cobardía.

La hipocresía de nuestra época consiste en que se nos permite indignarnos por aquello que el sistema acepta y promociona, pero se nos prohíbe o se nos desaconseja alzar la voz por lo que el poder ha decidido normalizar. Gritar por Ceuta está bien visto. Exigir el fin del aborto y la eutanasia, en cambio, incomoda. Y muchos prefieren no incomodar. Prefieren el aplauso a la verdad. La aprobación pública a la coherencia privada.

No puede haber verdadera justicia si se traiciona el fundamento de todo: el respeto a la vida. Si no protegemos lo más básico, lo más esencial, de nada sirven las fronteras, de nada sirven las leyes, de nada sirve todo lo demás.

Pido que no se grite por una cosa y calle ante otra. Que no se seleccione a quién defender según lo que digan los medios o los poderosos. Que tenga el valor de decir: la vida es sagrada, siempre, para todos, sin excepciones, sin condiciones, sin hipocresía.

Mientras tengamos leyes que permiten asesinar antes de nacer y antes de morir, no podemos llamarnos una sociedad civilizada. Y mientras nos indignemos selectivamente, nuestra indignación no vale nada. Es puro teatro. Es ruido sin fondo. Es fuego sin calor.

Que cada uno haga lo que quiera. Pero que sepa: si no lucha por la vida, no está luchando por nada verdaderamente importante.

Derogación del aborto y la eutanasia. Ahora. Sin excusas, sin demoras.

Carlos Garcés.
6 de septiembre de 2026.












"SENATOR". Carlos Garcés.

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