Nos bombean a diario con titulares alarmistas sobre Ceuta, sobre las fronteras y sobre supuestas invasiones externas para tener a la población con el corazón en un encofrado, mirando hacia el mar y canalizando la rabia hacia donde al poder le conviene. Es la cortina de humo perfecta. Mientras la televisión y el resto de medios de comunicación te dice hacia dónde tienes que mirar para sentir miedo, la verdadera invasión, la más peligrosa y devastadora, la tenemos metida hasta la cocina en nuestras propias casas.
La verdadera invasión en España no cruza la frontera en una barcaza; viste de traje y corbata, cobra del presupuesto público y ocupa los escaños del Congreso. Llevo casi una década defendiendo una verdad que a muchos les escuece escuchar: el sistema político entero está podrido desde las raíces. No importa el color del logo, las siglas que utilicen ni la bandera con la que se envuelvan para pedirte el voto. Da igual que se presenten como la izquierda progresista, el centro moderado o la derecha patriótica alternativa. A la hora de la verdad, todos forman parte del mismo engranaje y responden ante las mismas directrices globales de la criminal y genocida AGENDA 2030.
Nos han vendido la ilusión de que vivimos en una democracia donde el ciudadano elige su destino cada cuatro años o cuando toque frente a una urna, pero la realidad es que la política actual no es más que un teatro de títeres diseñado para mantener a la gente dividida y enfrentada mientras se aplica, paso a paso, una hoja de ruta prefijada que nadie ha votado. Mismos perros con distintos collares. Se pelean ante los micrófonos para captar tu atención, pero pactan en los despachos el reparto de sillones, apoyan leyes de control e hipervigilancia que cercenan nuestras libertades y consolidan el expolio de la sociedad.
Votar en este escenario no es ejercer un derecho, es conceder legitimidad a tus propios verdugos y financiar su chiringuito a costa del futuro de nuestras familias. Por eso, si la solución no está en las urnas, la única salida real pasa por la acción, la rebeldía y la desobediencia consciente desde la base. No necesitamos salvadores con corbata ni líderes de escaparate que nos digan cómo pensar. La verdadera fuerza está en practicar una abstención consciente que les quite la legitimidad de la que presumen, en volver a organizarnos en los barrios, pueblos y ciudades al margen de la injerencia estatal, y en no arrodillarnos ante ninguna imposición arbitraria. Nos quieren pasivos, sumisos y asustados con amenazas externas porque saben que un pueblo consciente y organizado desde dentro es absolutamente ingobernable. El cambio real no se pide por favor ni se vota cada cuatro años; se ejerce día a día con hechos, valentía y dignidad. Apaga la televisión, no les des tu voto y empieza a construir la rebeldía y resistencia desde tu propio entorno y FUERA DE LAS REDES SOCIALES.

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