En noviembre de 2024 ya lo dejé por escrito y el tiempo, lamentablemente, me ha vuelto a dar la razón: en esta vida no todo vale y la media verdad es tan peligrosa como la mentira entera. Hace meses señalaba el teatro de la recogida de firmas de plataformas como Iustitia Europa, un mercadeo de ilusiones que solo servía para marear la perdiz y recabar datos de gente inocente mientras se ignoraba conscientemente la verdadera raíz del problema. Hoy el tiempo ha quitado las caretas del todo. Quienes se presentaban como abogados defensores de los Derechos y la justicia han terminado mostrando su verdadera cara al dar el salto a las urnas y postular candidaturas políticas como la de Luis María Pardo. Como profesionales de la abogacía no entraré a discutir su valía técnica, pero como actores políticos son, nos guste o no, parte integrante del mismo sistema criminal.
No nos engañemos más ni dejemos que nos sigan vendiendo la moto. Presentarse a unas elecciones, montar un partido político y pedir el voto es participar directamente del circo y validar desde dentro el engranaje que sostienen todos los demás. Tanto el que se postula para ser elegido como el que acude sumiso a depositar una papeleta en la urna están legitimando y alimentando la misma AGENDA 2030 criminal y genocida a la que dicen oponerse. No se puede pretender combatir el fuego echándole gasolina ni se puede desmantelar una tiranía pidiendo sitio en sus escaños y cobrando de sus instituciones. Quien acepta las reglas del tablero democrático pervertido acaba convirtiéndose en un vividor más del chiringuito político. Y la historia de España está llena de ejemplos de lo que digo. No parece que nadie aprenda o quiera aprender las lecciones.
España no necesita nuevos partidos, ni abogados metidos a políticos, ni mesías de moqueta que prometan litigar desde dentro de las instituciones del Nuevo Orden Mundial. Lo que este país necesita de manera urgente son patriotas reales con agallas para rebelarse y desobedecer abiertamente las directrices del poder. Ellos saben perfectamente, porque conocen las leyes mejor que nadie, que esta batalla jamás se va a resolver en un tribunal de justicia ni en una urna electoral. Lo saben, pero prefieren hacer caja, captar el descontento de la población y distraer a los ilusos para que miren al dedo mientras nos siguen imponiendo la esclavitud globalista.
Es hora de desenmascarar a toda esta disidencia controlada, apagar la televisión, dar la espalda a sus elecciones y entender que la única vía real sigue siendo la abstención en las elecciones, la desobediencia ciudadana, la rebeldía y resistencia diaria desde nuestros pueblos, barrios y ciudades.

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