ESPIRITUALIDAD DE ESCAPARATE: EL NEGOCIO DE LOS RETIROS Y LA AUSENCIA DE COMPROMISO. Por Carlos Garcés.



ESPIRITUALIDAD DE ESCAPARATE: EL NEGOCIO DE LOS RETIROS Y LA AUSENCIA DE COMPROMISO. Por Carlos Garcés.

He leído recientemente que se están incrementando los retiros espirituales, convertidos ya en una tendencia cada vez más extendida.

Vivimos una época en la que la espiritualidad, lejos de ser un camino exigente de transformación personal y entrega al prójimo, se ha convertido en un producto de consumo. Se anuncia, se vende y se compra. Retiros de fin de semana, experiencias “únicas”, dinámicas emocionales cuidadosamente diseñadas… todo ello envuelto en una estética de profundidad que, en demasiadas ocasiones, no resiste el contraste con la vida real.

Porque la pregunta es inevitable: ¿qué queda de todo eso cuando se regresa a casa?

Se nos invita a “parar”, a “escucharnos”, a “reconectar”. Palabras atractivas, sin duda. Pero mientras tanto, el mundo sigue girando con su carga de injusticia, sufrimiento y abandono. Y lo más preocupante es que muchos regresan de esos retiros exactamente igual que se fueron: sin un compromiso real, sin una decisión firme de cambiar su vida, sin una voluntad clara de entregarse a los demás.

Se ha sustituido la espiritualidad por la emoción. Se confunde la intensidad de un momento con la profundidad de una vida. Y así, lo que debería ser un camino de exigencia y coherencia se convierte en una experiencia puntual, cómoda y, en muchos casos, cara.

Pero la verdadera espiritualidad no funciona así.

No se mide por lo que uno siente durante un fin de semana, sino por lo que está dispuesto a hacer el lunes por la mañana. No se demuestra en el silencio de un retiro, sino en el ruido del mundo, allí donde hay que actuar, ayudar, comprometerse. Y también —aunque muchos prefieran no planteárselo— en decisiones cotidianas que afectan al conjunto de la sociedad, incluso cuando se acude a las urnas, donde con demasiada frecuencia se participa sin cuestionar en profundidad aquello que realmente se está respaldando.

Dios —y esto conviene recordarlo con claridad— no está en el espectáculo ni en la evasión. Está en el necesitado, en el que sufre, en el que ha sido abandonado. Está en cada vida humana que necesita ser defendida, protegida y respetada.

Y aquí es donde muchas de estas corrientes espirituales muestran su mayor contradicción: hablan de crecimiento interior mientras callan ante realidades gravísimas. Se emocionan en dinámicas de grupo, pero guardan silencio ante leyes que atentan directamente contra la vida, como el aborto o la eutanasia. Se busca la paz interior, pero se ignora la injusticia exterior.

No hay verdadera espiritualidad sin coherencia. No hay fe auténtica sin compromiso. No hay encuentro con Dios si se da la espalda al prójimo.

Conviene decirlo sin rodeos: menos retiros y más entrega. Menos experiencias pasajeras y más decisiones firmes. Menos espiritualidad de escaparate y más vida vivida con responsabilidad moral.

Porque a Dios no se le encuentra en un fin de semana.

Se le encuentra en cada acto de amor, en cada gesto de servicio, en cada acto de rebeldía y desobediencia ante el mal, en cada vida defendida.

Y eso no se compra. Se vive.

Carlos Garcés.
6 de abril de 2026.










"SENATOR". Carlos Garcés.
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