EL AMOR AUTÉNTICO EN TIEMPOS DE LO EFÍMERO. Por Carlos Garcés.
Vivimos en una época en la que casi todo parece haberse vuelto provisional: los empleos, los compromisos, las palabras empeñadas y, por desgracia, también los afectos.
Hubo un tiempo en el que el amor se entendía como una decisión madura además de un sentimiento. Nadie negaba la existencia de las dificultades, el cansancio o los momentos de penumbra, pero el compromiso consistía precisamente en afrontar juntos el camino en lugar de buscar la primera salida de emergencia.
Hoy, en cambio, da la impresión de que una parte de la sociedad ha sustituido la cultura de la entrega por la cultura del consumo inmediato. Cuando se apaga el entusiasmo inicial o aparecen los problemas cotidianos, muchos optan por empezar de nuevo antes que reconstruir o cuidar lo que tienen.
El amor verdadero no consiste únicamente en la emoción pasajera. El amor auténtico es lealtad en el silencio, es presencia firme, es respeto absoluto y la voluntad de permanecer cuando la tormenta aprieta. Es buscar la paz y el bien de la otra persona, incluso cuando eso exige renuncias personales y un esfuerzo callado.
Las pantallas y las redes nos han traído una conectividad infinita, pero también una profunda soledad. Tener cientos de contactos no equivale a conocer la tibieza de un afecto leal. Quizá el gran error de nuestra época sea haber confundido el amor con el simple entusiasmo momentáneo. La emoción va y viene; el verdadero compromiso se cultiva día a día mediante pequeños actos intangibles de fidelidad, paciencia y generosidad.
El amor auténtico nunca ha sido fácil ni perfecto. Siempre ha exigido entereza. Pero precisamente por eso ha sido capaz de sostener vidas, construir hogares y enseñar a varias generaciones el valor sagrado de la palabra entrega. Tal vez sea momento de preguntarnos si queremos relaciones rápidas y desechables o si preferimos recuperar el sentido profundo de amar: ese que no promete un viaje sin espinas, sino la certeza absoluta de no soltar la mano ni en el tramo más difícil de la montaña.
Porque amar verdaderamente no es buscar a alguien perfecto. Consiste en decidir, cada nuevo día, seguir al lado de quien se quiere con lealtad, dignidad y responsabilidad.
Como broche a esta reflexión, me acompaña hoy la inolvidable voz de Rocío Dúrcal y su canción "Jamás te dejaré". Sus notas son un homenaje a ese amor que no se rinde, a la promesa callada de no faltar jamás y a la certeza de que los afectos verdaderos no los borra el tiempo ni los quebranta la ausencia.

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