VOTÁIS Y OBEDECÉIS: ESPAÑA SEGUIRÁ EN LLAMAS MIENTRAS NO OS REBELÉIS ANTE CADA POLÍTICO LOCAL DE ESTE PAÍS. Por Carlos Garcés.


VOTÁIS Y OBEDECÉIS: ESPAÑA SEGUIRÁ EN LLAMAS MIENTRAS NO OS REBELÉIS ANTE CADA POLÍTICO LOCAL DE ESTE PAÍS. 
Por Carlos Garcés.

​Ahora resulta que a todo el mundo le entran las prisas, los sudores fríos y los ataques de dignidad. Se llevan las manos a la cabeza, comparten vídeos indigestados en las redes, gritan cuatro consignas desde el sofá y claman al cielo porque «¡España está ardiendo!».

​Permítanme que me ría. O mejor dicho, que sienta un profundo asco.

​España no está ardiendo hoy. España lleva ardiendo muchos años. Lleva décadas consumiéndose entre la podredumbre institucional, la tiranía parlamentaria y la sumisión ciudadana. Lo que pasa es que a este país la memoria le dura exactamente lo que tarda en empezar el siguiente partido de fútbol o en llegar el fin de semana. Somos una sociedad de amnésicos profesionales, un gallinero lleno de zombis que cacarean cuando sienten el humo, pero vuelven a meter la cabeza bajo el ala en cuanto les echan un poco de alpiste.

​¿Dónde estaban todos estos «patriotas de última hora» y «rebeldes de teclado» cuando unos pocos salíamos a la calle a denunciar la farsa, a comernos las multas, los insultos y el acoso del Estado? Estaban obedeciendo. Estaban callando. Estaban aplaudiendo a los mismos mercenarios que hoy les están prendiendo fuego a la casa.

​El verdadero drama de España no son solo sus dirigentes. Los políticos no son alienígenas caídos del cielo: son el reflejo exacto y matemático de la sociedad que los vota, los tolera y los justifica. Aquí no se libra nadie. Hay que señalar y combatir a absolutamente todos los que viven de la política y del chiringuito público, empezando desde abajo, por el último concejal del ayuntamiento más pequeño, pasando por los de las ciudades medianas y grandes, y de ahí para arriba hasta el último parásito del Gobierno. Todo aquel que cobra un sueldo del sistema para mantener la maquinaria es parte del problema. Si la gente no está dispuesta a plantar cara a esta red clientelar de arriba abajo, que no pierdan el tiempo llorando ni quejándose: tienen exactamente lo que se merecen.

​Un pueblo que tolera la corrupción generalizada, que vende sus derechos por tres limosnas del Estado y que solo se indigna cuando el fuego le llega al felpudo de su puerta, es un pueblo profundamente corrupto e idiota. No cabe un imbécil más.

​Mañana ocurrirá la siguiente tragedia, se inventarán el siguiente circo mediático, y todos estos histéricos de hoy habrán olvidado absolutamente todo. Volverán a la masa, al rebaño, a la obediencia ciega y a legitimar con su silencio (o con su voto) a toda la casta política sin excepción alguna. Ninguno se libra. Ni los de un lado, ni los del otro, ni los que van de salvadores.

​Mientras el 99,5% de la población siga prefiriendo la comodidad de la esclavitud antes que el precio de la libertad, España seguirá ardiendo. Y lo peor de todo no es que arda: lo peor es que se lo tiene merecido.

​Memoria, dignidad y verdad. Aunque nos hayamos quedado solos.

Carlos Garcés.
26 de julio de 2026.










"SENATOR". Carlos Garcés.

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