RESIDENCIAS DE LA VERGÜENZA: LA CASTA POLÍTICA Y SU AGENDA 2030 ASESINAN A NUESTROS MAYORES. Por Carlos Garcés.
El 14 de marzo de 2020 no solo se decretó un estado de alarma; se activó uno de los episodios más oscuros, inhumanos y macabros de la historia reciente de España. Lo que nos vendieron bajo la narrativa de la "protección" se convirtió en la sentencia de muerte para miles de nuestros ancianos en las residencias.
La historia no podrá borrar lo que sucedió. Se aplicaron protocolos criminales que prohibían la derivación de los mayores a los hospitales, denegándoles atención médica básica y aislándolos sin contacto con sus familias. Murieron solos, deshidratados y despojados de sus Derechos más elementales.
Pero lo más grave es que esta tragedia no ha terminado: la situación continúa hoy en día. Nuestros ancianos siguen sufriendo un abandono intolerable, sufriendo discriminación constante en la atención sanitaria, recortes en los recursos y una falta vergonzosa de cuidados dignos en las residencias actuales.
Una responsabilidad compartida: de VOX a PODEMOS.
Lo ocurrido no fue un error puntual ni una improvisación. Fue —y sigue siendo— la manifestación más despiadada de una lógica que se consolida bajo la llamada AGENDA 2030, donde los mayores son tratados como una carga prescindible.
En este entramado no hay excusas ni excepciones. La culpa recae sobre todo el abanico político, desde VOX hasta PODEMOS. Absolutamente todos los partidos son cómplices: unos por ejecutar los protocolos y bloquear las comisiones de investigación para tapar la verdad, otros por encubrirlo y el resto por callar cuando les conviene.
Esta discriminación y abandono continuo se ha venido haciendo y se sigue haciendo de forma coordinada a todos los niveles de la administración:
- Desde el Gobierno central y la oposición, que pactan el silencio, miran para otro lado o bloquean iniciativas parlamentarias.
- Desde los gobiernos autonómicos, directamente responsables de la gestión de las residencias y la sanidad.
- Desde las administraciones provinciales y locales, que perpetúan este modelo sin alzar la voz.
Algún día, quienes firmaron, apoyaron, ejecutaron o mantuvieron estos protocolos y este abandono tendrán que rendir cuentas ante una justicia real.
El verdadero drama: una sociedad anestesiada.
El dedo acusador no puede señalar únicamente a los despachos oficiales. Lo más doloroso sigue siendo la profunda deshumanización del propio pueblo. Nos hemos convertido en una sociedad transhumanizada, fría e individualista, donde una parte mayoritaria prefiere mirar hacia otro lado y aceptar la discriminación continua de sus ancianos con tal de no salir de su zona de confort.
No podemos permitir que el paso del tiempo ni el silencio de los medios echen tierra sobre esta realidad que sigue ocurriendo hoy en las residencias. Recordar, denunciar la situación actual y exigir responsabilidades no es una opción: es una deuda de honor con nuestros mayores.
NI OLVIDO, NI PERDÓN, NI SILENCIO ANTE EL ABANDONO DE NUESTROS MAYORES Y ANCIANOS.

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