UNA SOLA LEY, NINGUNA DIVISIÓN: LA CONVIVENCIA LINGÜÍSTICA REAL EN LA ESPAÑA DE FRANCO. Por Carlos Garcés
Como barcelonés de nacimiento, habiendo vivido toda mi vida en Barcelona y conociendo de primera mano la realidad de mi tierra, sé perfectamente de lo que hablo cuando se aborda la historia de Cataluña. En el debate político sobre el siglo XX en España, se ha instalado con fuerza un relato simplificado que afirma que durante el régimen del Generalísimo Francisco Franco el uso del catalán estuvo absoluta y radicalmente extirpado de la vida pública y cultural. Sin embargo, quienes nacimos y crecimos aquí, al acudir a los hechos, la hemeroteca y los archivos audiovisuales de la época, descubrimos una realidad mucho más matizada. Si bien existía una estricta uniformidad legal y administrativa que otorgaba oficialidad exclusiva al español, la lengua catalana no solo se hablaba con total normalidad en las calles y hogares, sino que gozó de un canal de expresión cultural, musical, teatral, radiofónico y televisivo plenamente autorizado y respaldado por los propios medios del Estado y las emisoras oficiales, especialmente durante los años cincuenta, sesenta y principios de los setenta.
Bajo el modelo de Estado centralizado de la época, no existía el actual sistema autonómico. Había una sola ley y una única lengua para las instituciones del Estado. El español era el vehículo exclusivo en la administración pública, la legislación, la justicia y los planes de estudio escolares. El objetivo político era la cohesión y uniformidad institucional de la nación, evitando las divisiones que el régimen asociaba a los nacionalismos. Ahora bien, esta oficialidad exclusiva del español en las instituciones no se traducía en una persecución del catalán en el día a día. En el ámbito privado, en el comercio, en las relaciones sociales de la calle y en la vida familiar, los ciudadanos de Cataluña utilizaban el catalán de forma cotidiana y natural, sin que mediara el conflicto identitario que posteriormente importarían las fuerzas políticas.
Una de las pruebas documentales más tempranas de que la presencia sonora del catalán no estaba vetada en la exhibición pública se encuentra en el cine de los años cincuenta. En el año 1951 se rodó en Tossa de Mar la célebre producción de Hollywood Pandora y el holandés errante (Pandora and the Flying Dutchman), dirigida por Albert Lewin y protagonizada por estrellas internacionales de la talla de Ava Gardner y James Mason. En los primeros minutos del largometraje, así como en diversas escenas ambientales de carácter local, los pescadores y figurantes del pueblo se expresan con total naturalidad en catalán. Dicha película fue distribuida, autorizada por la censura oficial y proyectada en las salas de cine de toda España en plena vigencia del régimen, un hecho fáctico que desmonta la tesis de la prohibición absoluta de su mera escucha pública.
En el ámbito de la comunicación y las ondas, las voces locales en catalán formaban parte de la programación diaria autorizada en vida de Franco. En la radio, destaca de forma sobresaliente la figura de Salvador Escamilla, quien en enero de 1964 inauguró en Radio Barcelona el histórico programa Ràdio Scope. Desde este espacio matinal, patrocinado y emitido con total oficialidad, Escamilla presentaba en catalán y se convirtió en el principal trampolín para los nuevos cantantes y la música en esta lengua. En la misma época, a finales de los años sesenta, Toni Guerrero se consolidaba como otra de las voces populares de las ondas desde Radio Juventud de Barcelona, conectando con la juventud y presentando programas de gran éxito comercial en la radio barcelonesa de aquellos años.
Este dinamismo en las ondas tuvo su reflejo directo en la televisión con la consolidación de los estudios de TVE en Miramar (Barcelona). Lejos de silenciar la realidad lingüística regional, el canal oficial del Estado propició el "circuito catalán". Rostros históricos como el del periodista José Luis Barcelona —el mítico locutor que inauguró oficialmente las emisiones de Miramar en 1959 con el programa Balcón del Mediterráneo— desarrollaron una trayectoria impecable dirigiendo y presentando programas específicos en catalán, tales como Tot i més o Primera fila, espacios a los que también se sumó la colaboración del propio Salvador Escamilla para potenciar la presencia de la cultura catalana en la pequeña pantalla. Asimismo, el 4 de octubre de 1964, las pantallas del Estado emitieron por primera vez una producción dramática íntegramente en catalán bajo el sello de Teatre en català, un espacio que se programó de forma regular. A finales de los sesenta y principios de los setenta, la oferta televisiva en catalán se amplió oficialmente a través del UHF y las desconexiones territoriales con espacios informativos, culturales y de entretenimiento de gran audiencia, como el quincenal Mare Nostrum o el espacio Nova Terra en 1974.
Lejos de la imagen de una cultura clandestina, los teatros, los estudios de grabación y los programas de variedades contaron con figuras masivas que conectaban con el público en catalán a través de la industria del entretenimiento comercial, plenamente integrada en el tejido económico de la época. Joan Capri, el genio del humor costumbrista, llenaba los teatros de Barcelona y grababa masivamente discos de vinilo con sus célebres monólogos satíricos en catalán, convirtiéndose en un referente de masas. Por su parte, Mary Santpere, conocida popularmente como "la reina del Paralelo", desplegó su arrolladora vis cómica tanto en español como en catalán en las salas de la Ciudad Condal y en programas de variedades, siendo una de las actrices más queridas y respetadas del panorama nacional. En el terreno musical, intérpretes melódicos de gran éxito en todo el país, como José Guardiola, grabaron y editaron un nutrido catálogo de canciones en catalán durante la década de los sesenta. Asimismo, músicos de corte festivo y popular como el trompetista Rudy Ventura publicaban de forma habitual temas alegres que calaban en la sociedad de la época, destacando piezas emblemáticas de la música popular costumbrista como "Barcelona és bona si la bossa sona", grabada en 1962 (vídeo adjunto).
El icónico cantautor Joan Manuel Serrat es otro ejemplo claro de esta convivencia comercial en vida del régimen. A mediados de los sesenta, Serrat editó con la discográfica Edigsa sus primeros trabajos cantados íntegramente en catalán, cosechando un éxito enorme y apareciendo en programas de televisión de la época. Si bien el Estado marcó una línea roja innegociable en 1968 al rechazar su exigencia de cantar en catalán en el Festival de Eurovisión —por tratarse de una plataforma de representación internacional y oficial de la nación en el exterior—, sus discos en catalán siguieron editándose, vendiéndose en las tiendas y sonando en las emisoras comerciales del momento sin restricciones.
Y me dejo en el tintero varias figuras más que hicieron época en el mundo de la cultura catalana de la época.
Los datos de la hemeroteca demuestran que durante el régimen del Generalísimo Franco coexistieron una estricta oficialidad lingüística estatal en español con un reconocimiento y uso vivo de las lenguas regionales en el plano artístico, comercial, radiofónico y televisivo regional, especialmente tras la apertura cultural de la Ley de Prensa de 1966.
La conflictividad lingüística que se ha vivido en las últimas décadas no hunde sus raíces en la convivencia de aquella época. Fue la posterior llegada del modelo autonómico, sumada a la instrumentalización de la lengua por parte de la clase política, lo que transformó una realidad de convivencia natural y cotidiana en una herramienta de división y enfrentamiento social. Las leyes de la época buscaban la unidad y la ley común, mientras que el panorama de las últimas décadas demuestra que los políticos terminaron creando problemas allí donde antes, en el día a día y bajo una misma ley, solo había normalidad.
14 de julio de 2026.

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