LA HERENCIA TRAICIONADA: DE LA POTENCIA QUE DEJÓ FRANCO EN 1975 A LA SOCIEDAD DE MANTEQUILLA DE HOY. Por Carlos Garcés.
LA HERENCIA TRAICIONADA: DE LA POTENCIA QUE DEJÓ FRANCO EN 1975 A LA SOCIEDAD DE MANTEQUILLA DE HOY. Por Carlos Garcés.
Las cosas hay que decirlas por su nombre, sin rodeos ni paños calientes. La grandeza de la España que quedó en 1975 no cayó del cielo: se construyó con esfuerzo, con valores firmes y con el legado de una persona que veló por el progreso, el bienestar de las familias y la soberanía de la patria durante cuarenta años. A la muerte del Generalísimo Franco, España se situaba como una potencia industrial, sin apenas deuda pública y con una sociedad que vivía con seguridad, trabajo y dignidad. Y no hablo de religión en términos dogmáticos, sino de esos principios y valores de raíz cristiana que vertebraban la convivencia, el respeto y el sentido del deber.
¿Qué han hecho las generaciones sucesivas con esa herencia? Venderla y traicionarla.
Ni han sabido ni han querido defender lo que nos hizo fuertes. Todos los políticos, desde Suárez hasta hoy con Sánchez, han vendido la nación y la han traicionado, tanto a la patria como a sus propios ciudadanos. Se dedicaron a desmontar el país pedazo a pedazo para entregárselo a intereses extranjeros y a AGENDAS criminales y genocidas de control global.
Los hijos y los nietos de aquella época son el reflejo exacto de esa dejadez. Que nadie se engañe: no contéis con esta juventud para plantar cara a nada. Nos han vendido una generación hipertitulada, que habla idiomas y viaja a todas partes, pero que por dentro está completamente robotizada, idiotizada y zombificada. Son una generación de mantequilla, criada entre algodones, que no sabe qué es la libertad ni la dignidad porque jamás se la han enseñado. Aceptan las cámaras, el rastreo, las antenas 5G y la tecnología de control como si fuera un juego, sin cuestionar absolutamente nada. Es una generación que está encantada de pagar una barra de pan de un euro con el móvil.
Pero no nos equivoquemos apuntando solo a los jóvenes. La culpa principal es vuestra: de los padres y de los abuelos de todas las clases sociales.
Mirasteis hacia otro lado por pura comodidad. Preferisteis el consumo rápido, la bonanza económica y la tranquilidad del momento antes que transmitir la firmeza y el orgullo de pertenecer a una gran nación. Ahora no valen los lamentos ni las quejas sobre el futuro negro que se avecina: habéis criado a los ejecutores de vuestra propia celda. Ejecutores trashumanizados que ven con naturalidad el aborto, la eutanasia y muy pronto la eutanasia obligatoria a partir de una determinada edad.
Si levantaran la cabeza los que lucharon por levantar este país desde la nada, no darían crédito a tanta sumisión e idiocia. La libertad no se pide por redes sociales ni se regala en una pantalla; se defiende con agallas. Y mientras no se asuma la culpa y se recupere la dignidad, el destino de esta sociedad blanda será la fase final de la esclavitud que estamos viviendo y que ella misma ha financiado y tolerado.
23 de julio de 2026.

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