LOS QUE SE ENTERAN HOY: MEDIOS, MEMORIA SELECTIVA Y LA FALSA INDIGNACIÓN. Por Carlos Garcés.

 


LOS QUE SE ENTERAN HOY: MEDIOS, MEMORIA SELECTIVA Y LA FALSA INDIGNACIÓN. Por Carlos Garcés.

​Es enternecedor, a la par que indignante, asistir al súbito despertar de cierta parte de la sociedad y de los medios de comunicación en España. Resulta que hoy, en pleno 2026, algunos analistas, políticos y líderes de opinión acaban de "descubrir" que la libertad de expresión está bajo mínimos y que la independencia judicial es una quimera politizada. Claman al cielo, se rasgan las vestiduras y denuncian una deriva autoritaria como si las reglas del juego que hoy les molestan no fuesen exactamente las mismas que ellos mismos alimentaron hace años.

​No es una crisis de valores; es una crisis de conveniencia.

​Para entender la hipocresía de esta repentina indignación solo hace falta hacer un poco de memoria y mirar hacia atrás, concretamente al año 2020. Quienes hoy se proclaman defensores de la libertad y del pensamiento crítico son los mismos que, desde la comodidad de sus balcones y la calidez del relato oficial, aplaudían el confinamiento de las libertades y señalaban con el dedo inquisidor a cualquiera que osara dudar. Son los mismos que nos llamaron "negacionistas", los que nos etiquetaron como un "peligro público" y los que bloquearon en sus medios de comunicación a médicos, científicos y ciudadanos que simplemente intentaban poner luz sobre la mesa. Entonces, la censura les parecía un acto de responsabilidad civil; hoy, porque las tornas han cambiado, lo llaman dictadura.

​Hablo con conocimiento de causa y con las cicatrices que deja la trinchera. Yo mismo he sido víctima, en reiteradas ocasiones, de esa censura descarnada que ellos hoy critican. Sé lo que es el veto, el silencio impuesto y el desprecio de una masa adoctrinada. Por eso, ver a los censuradores de ayer disfrazados de víctimas hoy produce un profundo rechazo. En la vida no todo vale. No se puede aplaudir que se amordace al disidente cuando te conviene y luego exigir libertad de expresión cuando el sistema te aprieta a ti. La ética y la libertad no dependen del calendario electoral ni de los intereses partidistas de turno, aunque hoy se utilicen de forma puramente egoísta para movilizar el voto hacia siglas como Vox.

​La realidad subyacente es mucho más cínica: hoy en día no hace falta cerrar periódicos ni clausurar cadenas de televisión por decreto. No vemos censura explícita porque el sistema ya ha ganado la batalla principal. La población ha sido robotizada y anestesiada a tal nivel que el impacto de cualquier verdad incómoda es nulo. Se puede decir prácticamente todo porque la masa ya no reacciona; ha sido domesticada para consumir el espectáculo y callar.

​La diferencia entre esos falsos disidentes que hoy gritan en las tertulias y los que impugnamos el sistema desde la raíz es insalvable. Ellos protestan, pero juegan bajo las reglas del tablero: piden el voto, acuden a las urnas y legitiman con su participación la misma estructura que dicen combatir. Buscan simplemente un cambio de cromos parlamentario, que manden "los suyos" para volver a estar cómodos.

​La verdadera libertad de expresión no es una mercancía electoral ni un berrinche de conveniencia. O se defiende siempre, para todos y con todas las consecuencias, o se convierte en lo que presenciamos hoy: un burdo teatro de amnésicos e hipócritas.

Carlos Garcés.
15 de junio de 2026.









"SENATOR". Carlos Garcés.

Comentarios

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias por leer y por compartir tu opinión. Es muy gratificante saber que el mensaje resuena con lo que sientes.
      Un fuerte abrazo!

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