Asistimos con asombro a una época de grandes movilizaciones juveniles. Vemos estadios llenos por el fútbol y plazas abarrotadas para recibir al Papa. A primera vista, podría parecer una juventud enérgica y comprometida; sin embargo, cuando se rasca la superficie, lo que queda es una profunda y dolorosa contradicción. Es la viva imagen de una juventud que se mueve por el envoltorio, pero que ha descuidado por completo el contenido.
Resulta hipócrita ver a multitudes entregadas a la masa, mientras callan ante las realidades más determinantes de nuestra existencia. Si a todos esos jóvenes que vitorean al Papa se les preguntara si exigen la derogación inmediata de las leyes del aborto y la eutanasia, esas masas se quedarían en cuatro gatos. La realidad es que incluso jóvenes educados en colegios religiosos de "alto nivel" justifican hoy estas prácticas bajo el pretexto del "bienestar" o de "evitar el sufrimiento", asumiendo el discurso del sistema. Y no me extraña, viendo al Papa al que rinden pleitesía y adoran; el primero que flaquea en la condena firme de estas leyes y que no duda en pactar y recibir a sectores abiertamente proabortistas. La prueba incuestionable es que nadie, y los jóvenes menos que nadie, exige hoy a ningún político la abolición inmediata de estas leyes. Salvo contadísimas excepciones de buena fe, la masa calla ante lo fundamental.
La explicación no es casual: estamos ante una juventud profundamente manipulada y robotizada por los políticos y las nuevas tecnologías. Este adoctrinamiento responde fielmente a los dictados de la criminal y genocida AGENDA 2030, una hoja de ruta globalista que, bajo un disfraz de buenas intenciones, busca desmantelar la soberanía familiar y los valores tradicionales. En este nuevo orden, los jóvenes han sido despojados de la memoria histórica. No saben lo que es la verdadera libertad porque nadie se la ha explicado, ni la han tenido que conquistar.
Lo más grave es que esta manipulación no solo los anestesia, sino que los dirige activamente en contra de los mayores, rompiendo el hilo conductor de la experiencia y haciendo que la vida humana tenga cada vez menos valor. Es alarmante ver cómo se canaliza la rebeldía hacia las causas de diseño que impone la criminal y genocida AGENDA, mientras se da la espalda a la dignidad humana. Una sociedad que moviliza a sus jóvenes para el espectáculo y el globalismo, pero los educa en la pasividad ante la vida y en el desprecio a sus mayores, es una sociedad que camina irremediablemente hacia el vacío.

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