LA TRAICIÓN DE LEÓN XIV: REZAR CON LOS HERALDOS DEL ABORTO ES PACTAR CON EL MAL. Por Carlos Garcés.

 


LA TRAICIÓN DE LEÓN XIV: REZAR CON LOS HERALDOS DEL ABORTO ES PACTAR CON EL MAL.  Por Carlos Garcés.

​La diplomacia del Vaticano ha cruzado una línea de la que no hay retorno posible. La reciente recepción en Roma del alcalde proabortista de Chicago por parte de León XIV, coronada con un ignominioso rezo conjunto en un encuentro multirreligioso, no es un gesto de "diálogo" ni de "misericordia pastora". Es, con todas las letras, una capitulación y una traición directa al mandato divino de defender la vida humana desde su concepción. Con esta foto, el actual Pontífice profundiza la dolorosa herida abierta por sus predecesores, demostrando que la ambigüedad y el entreguismo al mundo secular ya no son una excepción en la cátedra de Pedro, sino una norma de conducta.

​Hay verdades que no admiten matices ni diplomacias de salón: con el mal no se pacta, al mal se le combate y se le elimina. El aborto no es un desacuerdo político menor, un detalle administrativo o una "sensibilidad cultural" que pueda diluirse en un foro ecuménico. Es el asesinato sistemático de los más inocentes e indefensos. Por tanto, sentarse a la mesa, sonreír y elevar plegarias comunes con un gobernante que promueve, financia y blinda legalmente esa abominación en una de las ciudades más progresistas del planeta es un acto de complicidad moral intolerable.

​Al estrechar la mano de quienes legislan contra la ley de Dios, León XIV no está convirtiendo al pecador; está desarmando a los fieles. Mientras miles de católicos en todo el mundo sufren persecución, censura y marginación por defender la vida en las calles, su supuesto Pastor Supremo prefiere la comodidad del aplauso global y la foto políticamente correcta. Roma ha olvidado que su deber es ser faro de la verdad incómoda, no el felpudo donde los promotores de la cultura de la muerte limpian sus conciencias para presentarse ante el mundo con el aval de la Santa Sede.

​La historia y la fe de la Iglesia se cimentaron sobre la roca del martirio y la resistencia inquebrantable frente al error, jamás sobre la negociación con el pecado. Si el sucesor de Pedro prefiere construir puentes con los heraldos de la muerte en lugar de levantar murallas contra sus leyes infames, está abdicando de su misión principal. No necesitamos diplomáticos de la confusión ni pontífices entregados a la agenda globalista. Exigimos pastores con la valentía de llamar al mal por su nombre y combatirlo hasta su total erradicación. Todo lo que quede por debajo de esa firmeza, no es más que una alarmante e inadmisible claudicación.

Que este nuevo agravio sirva, al menos, como un revulsivo para despertar las conciencias adormecidas. Ante la inminente visita de León XIV a España, los fieles no pueden permanecer impasibles ni ser cómplices con su presencia de esta deriva relativista. Espero firmemente que los católicos españoles tengan la valentía de recriminarle abiertamente su actitud y que, como una muestra obligada de coherencia y fidelidad a la verdad, dejen los bancos vacíos y no acudan a ninguno de los actos programados. La verdadera comunión no se debe a la figura de un hombre que pacta con el error, sino a la defensa inquebrantable de los principios no negociables. Ante la traición de los pastores, la resistencia de las ovejas es un deber sagrado.

Carlos Garcés.
30 de mayo de 2026.








"SENATOR". Carlos Garcés.

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