LA HIPOCRESÍA EXTREMA: UTILIZAR A UN PAPA CÓMPLICE PARA ATACAR A SÁNCHEZ. Por Carlos Garcés.

 


LA HIPOCRESÍA EXTREMA: UTILIZAR A UN PAPA CÓMPLICE PARA ATACAR A SÁNCHEZ. Por Carlos Garcés.

​Hay ejercicios de cinismo que resultan sencillamente insoportables. En las últimas semanas, asistimos con estupor a una coreografía grotesca por parte de sectores que se autonombran defensores de la tradición, la decencia y la cristiandad en España. Están encantados, salivan con la idea de que el Papa León XIV venga a nuestro país, y corren a utilizar su figura como un ariete moral contra Pedro Sánchez y su amalgama comunista. Lo pintan como el faro de la rectitud frente al Gobierno de la demolición.

​Pero se equivocan —o mienten descaradamente—. Su planteamiento es de una hipocresía infinita. Enfrentar a Sánchez con el Papa como si este último fuera un referente de dignidad es un insulto a la inteligencia y a la verdad.

​Miremos las cosas de frente y sin los paños calientes de la corrección política. El Papa actual no es ninguna víctima ni ningún guardián de las esencias; es un actor político entregado a la criminal y genocida AGENDA 2030 de la claudicación. 

Si hace unas semanas denuncié con total claridad la traición consumada en el Valle de los Caídos —donde los monjes Benedictinos cedieron ante el mal, camuflados hoy bajo el nombre de Cuelgamuros y habiendo dado la espalda al prior Santiago Cantera—, hoy toca denunciar que la cabeza de la propia Iglesia padece de la misma alarmante falta de alma.

​¿De qué decencia nos hablan cuando se deshacen en elogios hacia el Pontífice? Estamos ante un Papa, León XIV, que no ha tenido reparo en escuchar, legitimar y cobijar a la agenda LGTBI, manteniendo en los más altos altares vaticanos a cardenales alineados descaradamente con estos postulados. Es una complicidad flagrante que dinamita los cimientos de la doctrina que se supone debería custodiar.

​Por si fuera poco, la última muestra de este entreguismo globalista roza el esperpento: su reciente reunión con el alcalde de Chicago, su propia ciudad natal, un promotor activo y radical del aborto. ¿Cómo se puede sostener la mirada a los católicos y a los hombres de bien mientras se estrecha la mano de quienes legislan a favor de la cultura de la muerte? Es una absoluta desvergüenza que no admite justificación alguna.

​Pero la sumisión de Roma al dictado globalista no es nueva, viene de largo y ha costado muy cara. ¿O es que ya nos hemos olvidado del papel criminal que jugó el Vaticano durante los años de la falsa pandemia y enfermedad del Covid? Todavía estamos esperando a que este Papa pida perdón por todo el daño causado. En lugar de ser refugio y consuelo, la Iglesia se convirtió en el brazo ejecutor del miedo: obligaron a la gente a vacunarse bajo la amenaza de no poder pisar suelo vaticano, cerraron templos y utilizaron los púlpitos de las iglesias de todo el mundo para coaccionar a los fieles, empujándolos a someterse a inoculaciones experimentales. Que un Papa actúe como comercial de las farmacéuticas y abandone espiritualmente a su rebaño en los momentos más oscuros es una mancha indeleble que ningún lavado de cara diplomático podrá borrar.

​Y aquí llegamos al punto que me produce un auténtico y soberano asco: la reacción de la propia feligresía. Observo con absoluta repugnancia cómo reaccionan muchos que se autodenominan "católicos de bien" cuando se les plantan estas verdades en la cara. Cuando les comentas los contactos del Papa con los lobbies LGTBI, sus pactos ante personajes abiertamente proabortistas o el colaboracionismo vaticano con la tiranía sanitaria, miran para otro lado. No le dan importancia. Minimizan la gravedad con excusas baratas de "diplomacia" o "misericordia". Esa indolencia, ese relativismo de salón de quienes se dicen creyentes pero tragan con la degradación de su propia Iglesia, es casi más vomitivo que la traición de los de arriba. Son cómplices por omisión, tibios que prefieren anestesiar su conciencia antes que admitir que el trono de Pedro está pactando con la agenda que los destruye.

​Por eso, resulta ridículo ver a tanto hipócrita local aplaudiendo la visita papal con la vana ilusión de que León XIV viene a salvar los trastos frente al sanchismo. Despierten. El Papa y este Gobierno de "izquierdas" son, en el fondo, dos caras de la misma moneda de la corrección política y el relativismo moderno. Ambos pactan, ambos diluyen los principios y ambos se adaptan al dictado de los tiempos para mantener el poder.

​Quien se preste a la farsa de recibir al Papa como si fuera un adalid de la resistencia contra el comunismo patrio está participando del mismo engaño. La claudicación que empezó permitiendo la profanación en 2019 y que continúa hoy en el rebautizado Valle de Cuelgamuros viene bendecida desde lo más alto por el silencio y la complicidad de Roma.

​No nos engañemos más. No busquemos héroes donde solo hay oportunismo y rendición. Aquellos que celebran al Papa para arremeter contra Sánchez, y aquellos católicos adormecidos que justifican lo injustificable, demuestran una ceguera voluntaria o una tremenda mezquindad. Ni el uno es decente, ni el otro tiene principios; y para quienes aún guardamos la dignidad y la coherencia, verlos jugar su partida política a costa de nuestra fe y de nuestra patria solo nos merece el más profundo de los desprecios.

Carlos Garcés.
31 de mayo de 2026.










"SENATOR". Carlos Garcés.

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