UN HOMBRE EN SILLA DE RUEDAS A LA CÁRCEL. LOS POLÍTICOS, LIBRES. Por Carlos Garcés.
España vuelve a ofrecernos una escena que retrata con precisión la profunda degeneración moral y jurídica de nuestro tiempo.
Un hombre en silla de ruedas con una enfermedad pulmonar grave y oxígeno asistido está hoy en prisión provisional por "riesgo de fuga" por haber causado la muerte de quien, según todo indica, intentaba robarle.
Un hombre físicamente limitado.
Un hombre que difícilmente podía huir.
Un hombre que, ante una agresión, habría actuado para defenderse.
Y sin embargo está encarcelado.
El Estado ha reaccionado con toda su fuerza contra él.
Con toda su maquinaria judicial.
Pero mientras ese hombre permanece entre rejas, hay algo infinitamente más grave que ocurre cada día en España y que apenas provoca reacción en quienes gobiernan.
Cada día son ASESINADOS 282 Seres Humanos mediante el aborto.
No se trata de una cifra fría.
Son vidas humanas que nunca verán la luz.
A ello se suman los ASESINATOS provocados por la eutanasia, presentada bajo el lenguaje amable de la compasión, pero que en realidad abre la puerta a que el propio Estado legitime el final deliberado de una vida humana.
Y entonces surge una pregunta que nadie en el poder parece dispuesto a responder.
¿Dónde están los responsables políticos de estas leyes?
Porque estas leyes no han caído del cielo.
Las han redactado gobiernos.
Las han votado parlamentos.
Las han defendido partidos políticos.
Y lo más escandaloso es que todos ellos siguen libres.
Décadas legislando sobre la vida humana como si fuera un trámite administrativo… y ninguno ha respondido jamás por ello.
Todos siguen en sus despachos.
Todos siguen en sus escaños.
Todos siguen pronunciando discursos sobre democracia, derechos y progreso.
Mientras tanto, un hombre discapacitado que intenta defenderse de un robo termina en una celda.
La desproporción es brutal.
Porque si hablamos de responsabilidad ante la muerte de seres humanos, la pregunta es inevitable:
¿Quién debería responder con mayor severidad ante la justicia?
¿Un ciudadano que se defiende de una agresión inmediata?
¿O quienes aprueban leyes que permiten la eliminación de cientos de vidas humanas cada día?
Pero el sistema político ha conseguido algo extraordinario: invertir completamente la escala de responsabilidades.
El ciudadano responde.
El político queda impune.
Y esta impunidad no se limita a estas leyes. También la hemos visto en episodios recientes de nuestra historia como fue la falsa pandemia y enfermedad del COVID donde decisiones políticas de enorme gravedad se tomaron sin que nadie asumiera consecuencias reales. Se gestionaron crisis, se tomaron medidas extraordinarias, se alteró la vida de millones de personas… y después simplemente se pasó página viendo causado unos gravísimos daños irreparables e irreversibles a los ciudadanos.
Sin dimisiones.
Sin responsabilidades.
Sin justicia.
La política se ha convertido en el único espacio donde el poder parece estar blindado frente a sus propios actos.
Por eso la imagen de ese hombre en silla de ruedas encarcelado es tan simbólica.
Representa a un ciudadano frente al peso del Estado.
Un ciudadano que responde inmediatamente por sus actos.
Mientras tanto, quienes legislan sobre la vida y la muerte de miles de seres humanos siguen caminando tranquilamente por los pasillos del poder.
Esa es la verdadera fractura moral de nuestro tiempo.
Una justicia implacable con el débil.
Y una impunidad absoluta para quienes toman decisiones que afectan a la vida humana desde la comodidad de un escaño y hoy obedeciendo a la criminal y genocida AGENDA 2030.
Y ante esto conviene recordar algo que ningún parlamento puede cambiar:
Las leyes no convierten en justo lo que es injusto.
Los votos no transforman en moral lo que es moralmente inaceptable.
Y la historia, aunque tarde, termina juzgando aquello que una época decidió tolerar.
Porque cuando la justicia castiga al débil y protege al poder, lo que está en crisis no es un caso concreto.
Es la propia conciencia de una nación.
LA RESPONSABILIDAD DE LOS CIUDADANOS:
Pero sería demasiado fácil detener la crítica únicamente en los políticos.
Existe también una verdad incómoda que muchos prefieren no mirar de frente: la responsabilidad de los ciudadanos.
Porque durante décadas los españoles han permitido, tolerado y normalizado este sistema político. Lo han legitimado una y otra vez acudiendo a las urnas y votando a partidos que mantienen intactas estas leyes sabiendo que ni uno solo de ellos está por la labor de derogarlas.
Se han escuchado promesas durante años.
Se han denunciado estas leyes durante décadas.
Y, sin embargo, casi nada cambia.
La realidad es que ningún sistema político se mantiene solo. Se sostiene porque una sociedad lo acepta, lo tolera o lo legitima.
Por eso la responsabilidad no recae únicamente en quienes legislan.
También recae en una ciudadanía que, elección tras elección lejos de abstenerse en votar, vuelve a entregar su voto a quienes han demostrado sobradamente que no están dispuestos a cambiar nada esencial.
Mientras esa conciencia no despierte, la escena seguirá repitiéndose.
El ciudadano débil responderá ante la justicia.
Y quienes deciden sobre la vida y la muerte desde los despachos del poder seguirán caminando libres por los pasillos del Estado.
10 de abril de 2026.


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