HOY ALGUNOS ORAN, REZAN, VAN A MISA Y ESPERAN UN MILAGRO. (Artículo basado en una publicación mía original de 2023, hoy revisada y actualizada). Por Carlos Garcés.
Y, sin embargo, muchos de esos mismos continúan obedeciendo al mal sin rebelarse contra él ni desobedecerle, sirviendo a aquello que dicen rechazar y cumpliendo sin cuestionar normas y leyes profundamente injustas.
JESÚS DE NAZARET, UN REBELDE:
Esta Semana Santa de 2026, tiempo de tristeza, de reflexión y también de esperanza para los cristianos, vuelve a invitarnos —si de verdad queremos escuchar— a mirar hacia dentro, a examinar nuestra vida y nuestro comportamiento con nosotros mismos y con los demás.
Pero vivimos tiempos en los que esa invitación corre el riesgo de quedar ahogada entre la rutina, la indiferencia y la hipocresía social. Por eso, hoy más que nunca, es necesario detenerse y pensar.
Desde esa necesaria pausa, he vuelto a ver la película Jesús de Nazaret (1977), una gran superproducción, de más de seis horas de duración, que narra la vida de Jesús con extraordinaria fuerza y profundidad.
Y al revisitarla, he vuelto a reflexionar sobre una faceta suya de la que no se habla lo suficiente —quizá porque incomoda—: el Jesús REBELDE Y DESOBEDIENTE.
Es cierto que se conocen pocos detalles de su vida más allá de lo esencial. Pero lo indiscutible es que Jesús de Nazaret, antes de ser reconocido como el Cristo de los cristianos, fue un profeta judío y, muy probablemente, un hombre incómodo para el poder, un rebelde en el sentido más profundo del término. Tanto es así que Poncio Pilato, aun lavándose las manos, lo consideró un peligro para el orden establecido.
Por otro lado, existen aproximadamente veinte años de su vida de los que apenas se tiene constancia y que ni siquiera la Biblia detalla.
Durante siglos se ha debatido sobre quién fue realmente y qué hizo en ese tiempo. Las fuentes son escasas, pero todo apunta a que creció en un entorno marcado por la agitación política y social en Judea y Galilea, en permanente tensión con el dominio romano. Un contexto en el que muchos esperaban que la salvación llegara mediante un acto decisivo de Dios a través del Mesías.
La sociedad en la que vivió se dividía, principalmente, en tres grupos: los fariseos (los más estrictos en la observancia religiosa), los saduceos (ligados al poder y al orden establecido) y los esenios, probablemente el grupo más radical y combativo.
Resulta significativo que Jesús mencione y critique a los dos primeros, pero no haga referencia directa al tercero. Y más significativo aún que muchos de sus mensajes coincidan, en ciertos aspectos, con planteamientos profundamente transformadores y exigentes.
Por todo ello, todo invita a pensar que Jesús de Nazaret fue, en esencia, un rebelde frente a la injusticia, un hombre que no se sometió al poder cuando este traicionaba la verdad.
A continuación, reproduzco dos escenas de la película mencionada: una en la que expulsa a los mercaderes del templo y otra en la que denuncia con firmeza la hipocresía de su tiempo.
Ojalá los españoles de hoy sepamos mirar más allá de las formas y comprender el fondo: que Aquel que dio su vida por todos nosotros no fue un hombre sumiso ante el mal, sino alguien que lo enfrentó hasta las últimas consecuencias.

Una cosa muy importante: Era el Hijo literal de Dios el Padre. Por eso pudo resucitar.
ResponderEliminarEfectivamente, y ahí está la clave de todo.
EliminarNo estamos hablando solo de un hombre excepcional o de un simple profeta, sino del Hijo de Dios hecho hombre. Y es precisamente esa condición divina la que da sentido a todo: a su mensaje, a su autoridad… y a su Resurrección.
Porque si Cristo no fuera quien es, todo quedaría reducido a una historia más. Pero al ser el Hijo del Padre, su victoria sobre la muerte no es un símbolo, es una realidad que cambia absolutamente todo.
Y quizá por eso incomoda tanto: porque obliga a tomar partido.