14 de marzo de 2026. Radiografía de una sociedad podrida: 282 y más, el grito diario. Por Carlos Garcés.
14 de marzo de 2026. Radiografía de una sociedad podrida: 282 y más, el grito diario. Por Carlos Garcés.
"SENATOR". Carlos Garcés.
14 de marzo de 2026. Radiografía de una sociedad podrida: 282 y más, el grito diario. Por Carlos Garcés.
Cómo sanitaria que soy he asistido en 40 años a muchísimos pacientes que ante una enfermedad terminal irreversible tomaban la decisión de tener cuidados paliativos y llegado el momento morir dignamente sin sufrimiento, porque si bien el dolor es inevitable el sufrimiento es opcional, todas esas personas a quien ayude a transitar ese camino fueron personas de más de 60 años,jamás lo hubiese podido hacer con un adolescente y/o un niño.me enteré del caso de Noelia del castillo unas horas antes de su ejecución y me puse a buscar información al respecto,me quedé estupefacta al ver videos donde a pesar de su "paraplejía"podía movilizarse sola con ayudas técnicas así cómo subier y bajar escaleras,me pareció aberrante quitarle la vida a una joven de solo 25 años a quien se la veía muy animada y habiendo tratado a muchísimas personas tetrapléjicas y paraplejícas que jamás se levantan de la silla sin ayuda mi incredulidad iba en aumento.esa no he no pude dormir por la angustia que esa situación me causó.hoy tres días después sigo sin entender cómo pudieron asesinar a esa criatura que tan solo estaba profundamente deprimida.
ResponderEliminarMuchísimas gracias por compartir algo tan valioso como su experiencia.
EliminarSus palabras tienen un peso especial, porque vienen de alguien que ha vivido durante décadas la realidad del sufrimiento humano desde dentro, acompañando a personas en momentos límite con profesionalidad y humanidad. Eso merece todo el respeto.
Y precisamente por eso, lo que plantea resulta aún más inquietante. Nadie cuestiona —o al menos no es mi intención— la labor de los cuidados paliativos en situaciones verdaderamente terminales, donde se trata de aliviar el dolor y acompañar con dignidad el final natural de una vida.
Pero casos como el que menciona rompen ese marco.
Cuando hablamos de una persona joven, con un historial de sufrimiento psicológico profundo, pero no en una situación terminal en el sentido clásico, la pregunta es inevitable: ¿se ha hecho todo lo posible por ayudarla a vivir… o se ha terminado aceptando su deseo de morir como una salida?
Ahí es donde muchos sentimos una profunda inquietud, y donde testimonios como el suyo —desde la experiencia real, no desde la teoría— aportan una claridad que el debate público muchas veces evita.
Le agradezco sinceramente que haya dado este paso y que haya expresado lo que siente. Ese tipo de conciencia es más necesaria que nunca.
Un cordial saludo.