PRIVILEGIOS QUE LA POLÍTICA SE RESERVA: LA OTRA REALIDAD QUE EL CIUDADANO NUNCA VERÁ. Por Carlos Garcés.

PRIVILEGIOS QUE LA POLÍTICA SE RESERVA: LA OTRA REALIDAD QUE EL CIUDADANO NUNCA VERÁ. Por Carlos Garcés.

Vivir de la política no es lo mismo que trabajar de sol a sol en cualquier empleo común. La vida de un político está rodeada de ventajas que el ciudadano corriente solo puede imaginar, y muchas veces esas ventajas rozan lo indecente. Estas se dividen en económicas y no económicas, pero todas apuntan en la misma dirección: un mundo aparte, inaccesible, blindado. Y esto no distingue rango ni territorio: va desde concejales de pueblos pequeños hasta el presidente del Gobierno.

Privilegios económicos

Los salarios de los cargos públicos son altos de por sí, pero se multiplican con complementos por antigüedad, cargos adicionales, comisiones y dietas de todo tipo. No es raro que un político acabe cobrando el doble o triple de su sueldo base sin que el ciudadano se entere de los detalles.

A esto se suman pensiones especiales, muchas veces calculadas de manera independiente al sistema general. Un político puede jubilarse con un porcentaje altísimo de su último sueldo aunque haya trabajado solo unos años en la administración. Mientras tanto, los ciudadanos comunes se jubilan con pensiones mínimas y con la preocupación de que su dinero alcance.

No podemos olvidar los gastos oficiales: viajes, alojamiento, dietas y transporte pagados por todos, con controles a menudo laxos. Y si hablamos de salud, muchos disfrutan de cobertura médica privilegiada, seguros privados o acceso inmediato a la sanidad, algo que para el resto de la población sigue siendo un lujo.

Por si fuera poco, ciertos cargos facilitan ventajas financieras: créditos preferenciales, préstamos con condiciones ventajosas y estabilidad que avala sus futuras operaciones. Todo esto mientras el ciudadano común debe ajustarse a la dura realidad de su salario limitado.

Privilegios no económicos

La protección legal, la inmunidad parlamentaria o la cobertura mediática son otra forma de privilegio que pocos conocen. La política crea un círculo cerrado: contactos, influencias, acceso a decisiones que determinan la vida de millones, mientras que el ciudadano común no tiene voz ni voto más allá de las urnas.

La flexibilidad laboral y la seguridad de cargo completan el cuadro. Con vacaciones pagadas, permisos especiales y oficinas, vehículos, escoltas y personal a disposición, el político vive en una burbuja protegida que el resto jamás disfrutará. Y si alguna vez dejan su puesto, muchas veces reciben indemnizaciones blindadas que cualquier trabajador solo puede soñar.

La verdad lapidaria

Durante los últimos seis años, a la descarada, se han pisoteado derechos fundamentales: libertades económicas, sociales y hasta personales. Se ha exigido sacrificio a los ciudadanos mientras esta élite se mantiene intacta, disfrutando de privilegios que nadie más tiene.

Si todos los que hoy viven de la política, de las puertas giratorias en la empresa privada o de la protección del Estado, tuvieran que enfrentarse al mundo real como cualquier ciudadano, la mayoría no duraría ni un mes. Porque la realidad no perdona, y lo que ellos llaman “servicio público” se ha convertido en un blindaje exclusivo para mantenerse arriba, ignorando a quienes sostienen todo desde abajo.

Y lo más doloroso de todo: el pueblo lo acepta, lo aplaude y, encima, los vota, sin rebelarse, sin cuestionar, sin exigir que la justicia y la igualdad sean reales. Mientras esto siga así, la injusticia seguirá siendo la norma, y la impunidad su forma de vida

Carlos Garcés.
22 de febrero de 2026.










"SENATOR". Carlos Garcés.

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