MULTAR LA NECESIDAD HUMANA DE ORINAR. Por Carlos Garcés.
En Barcelona han decidido que orinar en la calle puede costarte hasta 750 euros.
Setecientos cincuenta euros por una necesidad fisiológica.
Y aquí es donde empieza la gran farsa.
El perro puede mear. El ciudadano no.
Un perro puede mear en la calle.
Y no pasa nada.
El dueño hace el gesto simbólico y la comedieta de echar un poquito de agua y asunto resuelto.
Pero un ser humano, una persona, si no encuentra un váter público, si lleva media hora buscando un baño inexistente, si la ciudad no ha previsto una infraestructura mínima… entonces se convierte en delincuente administrativo.
El perro, permitido.
El ciudadano, sancionado.
No es civismo.
Es hipocresía institucional.
¿Dónde están los váters públicos?
Si no quieren que la gente orine en la calle, la solución es tan sencilla que da vergüenza tener que explicarla:
Instalen váters públicos.
Gratuitos.
Limpios.
Distribuidos por toda la ciudad.
Como existen en muchas ciudades europeas.
Pero no.
Para cámaras de control facial y de voz sí hay presupuesto.
Para las letales antenas 5G, sí hay presupuesto
Para macroproyectos urbanos innecesarios sí hay presupuesto.
Para rediseñar barrios enteros y convertirlos en experimentos sociales, "ciudades de 15 minutos", sí hay presupuesto.
Para cumplir con la sacrosanta Naciones Unidas y su llamada AGENDA 2030, siempre hay millones.
Para váters públicos, no.
Recaudar es más fácil que gestionar
Multar es más sencillo que gobernar.
Castigar es más rentable que planificar.
Es mucho más cómodo enviar patrullas que instalar infraestructuras.
Y así, el ciudadano paga dos veces:
Con sus impuestos.
Con la multa.
Mientras tanto, los responsables políticos, de VOX a PODEMOS, pasando por todos los demás, siguen debatiendo eslóganes ideológicos mientras ignoran lo básico: la dignidad cotidiana.
Porque esto no va de ideología.
Va de sentido común.
La política de la desproporción
¿750 euros por orinar en la calle?
¿De verdad ese es el gran problema urbano?
¿No hay inseguridad?
¿No hay barrios degradados?
¿No hay abandono institucional?
Pero eso es complejo.
Eso requiere valentía.
Eso no da titulares fáciles.
Multar al ciudadano sí.
MENOS CONTROL. MÁS HUMANIDAD.
MENOS CÁMARAS.
MENOS INGENIERÍA SOCIAL.
MENOS URBANISMO IDEOLÓGICO.
MENOS EXPERIMENTOS DE LABORATORIO URBANO.
Y MÁS HUMANIDAD.
MÁS SENTIDO PRÁCTICO.
MÁS SOLUCIONES REALES.
MÁS RESPETO POR LA CONDICIÓN HUMANA.
Porque cuando una ciudad decide castigar una necesidad fisiológica sin ofrecer alternativa, lo que demuestra no es firmeza.
Demuestra desconexión.
Y cuando todos los partidos participan en ese modelo, el problema ya no es una sigla concreta.
ES LA CLASE POLÍTICA ENTERA AL SERVICIO DE LA CRIMINAL Y GENOCIDA AGENDA 2030.
20 de febrero de 2026.

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