JUAN MANUEL DE PRADA FRENTE AL RUIDO: APAGAR LA TELEVISIÓN PARA SALVAR EL ALMA. Por Carlos Garcés.



JUAN MANUEL DE PRADA FRENTE AL RUIDO: APAGAR LA TELEVISIÓN PARA SALVAR EL ALMA. Por Carlos Garcés.

Queridos amigos,

He publicado en mi blog Senator muchas reflexiones de Juan Manuel de Prada, y no por capricho ni por afinidad superficial, sino porque en él encuentro algo cada vez más escaso: lucidez, valentía y sentido común. En el breve vídeo que ha circulado recientemente, contundente, sin rodeos, casi incómodo, vuelve a poner el dedo en la herida al afirmar que los medios de comunicación, tal y como hoy funcionan, buscan la destrucción de la persona. Y añade un consejo que muchos consideran exagerado, pero que a mí me parece profundamente sensato: dejar de ver la televisión; algo que yo vengo haciendo desde hace seis años.

Vivimos en una época en la que se nos repite que estamos más informados que nunca. Sin embargo, pocas veces el ser humano ha estado tan confundido, tan manipulado emocionalmente y tan privado de silencio interior. La televisión, y con ella buena parte del ecosistema mediático, no está diseñada para formar conciencias libres, sino para fabricar estados de ánimo colectivos. No informa: orienta. No explica: simplifica. No busca la verdad: busca audiencia.

Lo más grave no es el sesgo ideológico, que siempre ha existido. Lo verdaderamente destructivo es el mecanismo constante de excitación emocional, de indignación programada, de miedo dosificado, de entretenimiento banal elevado a categoría de noticia. El espectador deja de ser persona para convertirse en consumidor de estímulos. Y cuando uno consume sin pausa, sin reflexión y sin distancia crítica, termina pensando lo que otros han decidido que piense.

Juan Manuel de Prada no propone una huida cobarde del mundo. Propone algo mucho más revolucionario: recuperar el dominio de la propia conciencia. Apagar la televisión no es encerrarse en una cueva; es negarse a ser moldeado por un flujo incesante de imágenes y discursos prefabricados. Es volver a la lectura reposada, a la conversación serena, al pensamiento que no necesita gritar para existir.

Los medios actuales no solo informan de la realidad: la interpretan, la seleccionan, la jerarquizan y, en muchas ocasiones, la deforman. Deciden qué importa y qué no importa. Deciden de qué debemos indignarnos hoy y qué debemos olvidar mañana. Y así, día tras día, van erosionando la capacidad de juicio personal. El ciudadano termina reaccionando, pero ya no reflexiona. Opina, pero no profundiza. Se indigna, pero no comprende.

Lo que está en juego no es simplemente la calidad del periodismo; es la integridad de la persona. Una sociedad que consume horas y horas de televisión acrítica es una sociedad que pierde el hábito del silencio, de la interioridad y de la contemplación. Y sin interioridad no hay libertad verdadera. Sin pensamiento propio no hay dignidad sólida.

Apagar la televisión puede parecer un gesto pequeño, incluso irrelevante. Pero en realidad es un acto de soberanía personal. Es decir: mi mente no es territorio de conquista. Mi conciencia no está en venta. Mi tiempo no será colonizado por el espectáculo permanente.

No se trata de ignorar la actualidad ni de vivir de espaldas a los acontecimientos. Se trata de elegir cómo y desde dónde nos informamos. Se trata de filtrar, de contrastar, de leer más y escuchar mejor. Se trata de recuperar el gusto por el análisis profundo frente al titular incendiario. Se trata, en definitiva, de volver a ser dueños de nuestra atención.

En un mundo que necesita espectadores dóciles, convertirse en pensador independiente es un acto de resistencia. Y eso, precisamente eso, es lo que muchos medios no toleran: personas que no reaccionan automáticamente, que no se dejan arrastrar por la corriente, que no se alinean sin examinar.

Por eso apoyo sin reservas las palabras de Juan Manuel de Prada. Porque no hablan desde el resentimiento, sino desde la defensa de la persona. Porque no incitan al aislamiento, sino a la libertad interior. Porque no buscan destruir, sino preservar lo más valioso que tenemos: la conciencia.

Quizá haya llegado el momento de hacer algo sencillo y profundamente transformador: apagar la televisión, abrir un libro, guardar silencio y pensar. En ese gesto humilde puede comenzar la verdadera rebeldía.

Carlos Garcés.
26 de febrero de 2026.









"SENATOR". Carlos Garcés.

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