EL PELIGRO DE SER GOBERNADOS POR UNA JUVENTUD ROBOTIZADA, DE MANTEQUILLA Y PATRIOTA DE ESCAPARATE. Por Carlos Garcés.
No es una cuestión de eso que llaman "derechas o de izquierdas". Busquen las siglas que quieran; en lo fundamental, todos caminan juntos. El problema es mucho más profundo y, por eso mismo, mucho más grave: estamos siendo gobernados y aplaudidos por una juventud políticamente robotizada, emocionalmente frágil, intelectualmente dócil y orgullosa de su propia servidumbre.
Una juventud criada no en la libertad, sino en su caricatura. No en el pensamiento, sino en el eslogan. No en la experiencia vital, sino en la pantalla. Jóvenes de mantequilla: blandos ante el poder, duros solo con el disidente cómodo. Patriotas de pulsera, de bandera en el perfil y obediencia ciega en la práctica.
Se les ha vendido la idea de que son rebeldes cuando, en realidad, repiten como autómatas lo que dicta el guion global. Creen desafiar al sistema mientras lo sostienen. Creen luchar contra el poder mientras lo legitiman. No cuestionan nada esencial: ni la digitalización total de la vida, ni la vigilancia permanente, ni la destrucción de la soberanía personal, ni el empobrecimiento moral disfrazado de progreso.
Esta juventud no ha conocido la libertad porque nunca se la han enseñado. Confunden libertad con consumo, con opinión autorizada, con votar cada cuatro años a gestores previamente homologados. No saben lo que es decir “no” cuando decir “no” tiene consecuencias. No saben lo que es quedarse solo.
Hay además una comedia perfectamente ensayada: la del desacuerdo en lo secundario. Discuten, se insultan y teatralizan diferencias sobre cuestiones accesorias, gestos, palabras, símbolos, polémicas de consumo rápido, para que el público crea que existen alternativas reales. Es puro teatro.
En lo fundamental, sin embargo, están todos de acuerdo: más control, más dependencia, más ingeniería social, más cesión de libertad individual a cambio de una falsa seguridad moral o tecnológica. Discrepan en el decorado, pero no en la estructura. Se enfrentan en el ruido, pero caminan juntos en la dirección esencial.
Que nadie se engañe. La "derecha" que presume de orden y patria y la "izquierda" que presume de progreso y derechos obedecen al mismo amo. Cambian los símbolos, no el fondo. Cambian los discursos, no la dirección. Todos asalariados, material o ideológicamente, de una agenda global que desprecia al individuo libre.
La llamada AGENDA 2030 no es un programa político: es un marco mental. Y lo más inquietante es que esta juventud no la cuestiona; la interioriza. La defiende sin haberla leído. La justifica sin comprenderla. La impone con una sonrisa y una censura moral que recuerda demasiado a otros tiempos que decían haber superado.
Otro rasgo inquietante: el odio o desprecio al que ha vivido. Al mayor, al veterano, al que ha cometido errores y ha aprendido. Para esta juventud robotizada, la experiencia estorba, molesta, incomoda. Prefieren el manual, el protocolo, la consigna.
No soportan que alguien les recuerde que hubo vida antes del algoritmo. Que hubo pensamiento antes del "trending topic". Que hubo dignidad antes del aplauso fácil.
Llevan en el bolsillo el instrumento perfecto de control y lo llaman libertad. No pueden vivir sin él, pero dicen ser libres. No pueden pensar sin él, pero se creen críticos. Un ciudadano permanentemente conectado es un ciudadano permanentemente vigilado. Y eso no lo decide un partido, lo decide un sistema.
Esta juventud no lucha contra la tecnología como herramienta de dominio; la celebra. No la cuestiona; la idolatra. Y así se convierte en el sueño húmedo de cualquier poder: individuos predecibles, gestionables, emocionalmente manipulables.
El verdadero peligro no es que nos gobiernen jóvenes. El peligro es que nos gobiernen jóvenes sin pensamiento propio, sin memoria, sin coraje moral, sin noción real de libertad. Jóvenes que confunden obediencia con virtud y disidencia con delito.
No necesito gobernantes jóvenes. Necesito hombres y mujeres libres. Y hoy, por desgracia, esa es una especie en vías de extinción.
Quien se sienta incómodo leyendo esto, que no mire al mensajero. Que se mire al espejo.

Comentarios
Publicar un comentario