DOS HOMBRES DE HONOR: TEJERO Y ANGUITA. Por Carlos Garcés.
En un tiempo donde la palabra “honor” se ha vuelto casi un relicario del pasado, donde la coherencia se mide más por la conveniencia que por la convicción, existen figuras que permanecen inalterables frente a la mediocridad y la hipocresía del mundo. Dos hombres que, desde ámbitos completamente distintos, encarnaron lo que significa vivir y actuar con honor: el recientemente fallecido Teniente Coronel Antonio Tejero y Julio Anguita.
Ambos fueron hombres de convicciones firmes. Ambos defendieron lo que consideraban justo, con valentía y hasta las últimas consecuencias, sin plegarse al ruido del consenso fácil ni a las modas pasajeras de la política o de la opinión pública. Sus caminos no se cruzaron, ni buscaban cruzarse; sus ideales no coincidían, y, sin embargo, coinciden en aquello que hoy escasea: la coherencia entre pensamiento, palabra y acción.
Tejero, representó un rigor, una disciplina y un compromiso con lo que consideraba Patria que hoy muchos juzgan sin comprender el contexto y la honestidad con la que actuó según sus principios. Julio Anguita, por su parte, fue un ejemplo de Integridad Intelectual y política: coherente, austero, respetuoso de la ética y de su electorado, jamás traicionó sus ideales ni se acomodó a los tiempos cambiantes de la conveniencia política.
Lo que une a ambos no es la política que practicaron, ni la forma de ver el mundo, sino el HONOR como brújula inquebrantable, la lealtad a sí mismos, la capacidad de mantener la cabeza alta frente a la adversidad y el desprecio de la falsedad. Dos hombres que nos recuerdan que aún existen convicciones que valen más que la aprobación social, que la fama, que el dinero o la comodidad.
Permítanme ser absolutamente personal: a lo largo de mi vida he sentido una profunda admiración por estas dos personas. En mi blog personal "Senator" he publicado numerosas referencias a ellos, sus ideas, sus actos y su integridad, porque representan lo que hoy, en España, es verdaderamente válido: la coherencia, el honor y la firmeza frente a la mediocridad. Ellos son, y seguirán siendo, referentes de los pocos que hoy mantienen la dignidad y el valor de ser fieles a sí mismos.
En un mundo donde la mayoría se disfraza de lo que no es para agradar o para sobrevivir, Tejero y Anguita son testigos de que el honor no se negocia, y que la coherencia entre lo que uno piensa, dice, hace y exige a los demás es el legado más valioso que un hombre puede dejar.
Que su memoria y ejemplo nos recuerden, a quienes todavía creemos en principios y valores, que la verdadera grandeza no está en ganar elecciones ni en acallar críticos, sino en permanecer fiel a lo que uno es, incluso cuando el mundo no lo comprende.

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