CUANDO LA VIDA NO SE DEFIENDE, TODO LO DEMÁS SE DESMORONA. Por Carlos Garcés.
Apoyo una vez más y sin reservas a Ignacio Arsuaga y la labor constante de "Hazte Oír" al exigir coherencia en la defensa de la vida.
Pero la cuestión ya no es solo un partido concreto, como VOX. La cuestión es más profunda.
Si ningún partido político está dispuesto a defender la vida, y llevamos décadas viéndolo, sin cálculos, sin pactos y sin excusas, entonces el problema no es táctico: es moral.
Porque la vida no es un Derecho más.
Es el Derecho más importante que tiene el Ser Humano que sostiene todos los demás.
Sin vida, no hay libertad.
Sin vida, no hay justicia.
Sin vida, no hay propiedad, ni dignidad, ni derechos sociales.
Cuando lo fundamental se relativiza, todo lo demás termina negociándose.
Y ante esa situación, cada ciudadano debe preguntarse en conciencia qué significa respaldar a quienes no protegen el Derecho más básico.
No se trata de estrategia.
Se trata de coherencia.
La historia demuestra que cuando la vida deja de ser sagrada, ningún otro derecho permanece seguro.
Yo lo tengo muy claro y por eso llevo ocho años absteniéndome en las votaciones.

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