BIENVENIDOS A LA ERA DE LA ROBOTIZACIÓN HUMANA Por Carlos Garcés
Vivimos tiempos en los que todo se presenta como avance mientras, silenciosamente, se reduce el espacio del Ser Humano.
Nos dicen que es progreso.
Nos dicen que es comodidad.
Nos dicen que es seguridad.
Pero conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿avance… o sustitución?
Hoy el coche corrige al conductor.
El móvil rastrea cada movimiento.
La pantalla ordena.
El algoritmo clasifica.
Ya no se trata solo de herramientas que ayudan. Se trata de sistemas que comienzan a ocupar el espacio de decisión que antes pertenecía a la persona. Y cuando el criterio humano se debilita, algo esencial se pierde.
La tecnología nació para servir al hombre.
Ahora se rediseña al hombre para que encaje en la tecnología.
Ese cambio no es menor.
La normalización del control
Cita previa para existir.
Código QR para entrar.
Aplicaciones obligatorias para cualquier gestión.
Protocolos para circular, actuar, acceder.
Todo parece práctico. Todo parece organizado. Todo parece razonable.
Cámaras en cada esquina.
Reconocimiento facial expandiéndose.
Infraestructuras digitales conectándolo todo.
Ciudades diseñadas bajo el paradigma de la monitorización permanente.
Se habla de “ciudades inteligentes”.
Pero rara vez se habla de ciudadanos vigilados.
Cuando cada movimiento queda registrado, cuando cada desplazamiento puede ser trazado, cuando cada interacción pasa por un filtro tecnológico, la libertad deja de ser espontánea y comienza a depender de sistemas.
Y cuando todo está conectado, todo puede ser vigilado.
La comodidad como anestesia
La automatización no se impone con violencia.
Se introduce como comodidad.
Delegar la conducción.
Delegar el cálculo.
Delegar la memoria.
Delegar el juicio.
Cuanto más cómodo es todo, menos se ejercita la responsabilidad personal. Y cuanto menos se ejercita la responsabilidad, más fácil resulta sustituirla.
El problema no es la máquina.
El problema es el hábito de no pensar.
La robotización no empieza en los circuitos electrónicos.
Empieza cuando se deja de combatir.
Empieza cuando se acepta sin reflexión.
Empieza cuando se confunde facilidad con libertad.
El Ser Humano como accesorio:
Cuando el coche conduce por ellos.
Cuando el sistema decide por ellos.
Cuando el algoritmo clasifica por ellos.
El Ser Humano se convierte en accesorio.
Y una sociedad de humanos accesorios o zombies es una sociedad muy fácil de dirigir.
No hacen falta cadenas visibles cuando la dependencia se acepta voluntariamente.
No hace falta censura cuando la comodidad sustituye al pensamiento.
La automatización masiva no necesita violencia.
Necesita conformismo.
No todos pasan por ahí
Conviene dejar algo claro: esto no es inevitable.
La robotización avanza porque millones la abrazan sin rebeldía ni desobediencia. Porque resulta más fácil obedecer que cuestionar. Porque es más cómodo adaptarse que enfrentarse.
Pero no todos aceptan esa sustitución.
No todos delegan su conciencia.
No todos entregan su libertad a cambio de comodidad.
No todos confunden progreso con sumisión.
La robotización no es obligatoria.
Es aceptada.
Y mientras haya quien cuestione, quien se rebele, quien se niegue a convertirse en un animal de granja oh una pieza intercambiable de un engranaje digital, el proceso no estará completo.
Advertencia final:
La máquina puede ser eficiente.
Puede ser rápida.
Puede ser inteligente.
Pero jamás será responsable.
Responsable es el Ser Humano que decide.
Y peligroso para cualquier sistema es el Ser Humano que no se deja programar.
Y no olvidemos lo que tantísimas veces he repetido: CUANTA MÁS TECNOLOGÍA MENOS HUMANIDAD Y CUANTO MENOS HUMANIDAD MENOS RESPETO POR LA VIDA HUMANA. EL TRANSHUMANISMO ES UNO DE LOS CUATRO PILARES DE LA CRIMINAL Y GENOCIDA AGENDA 2030.
El futuro no pertenecerá a quienes deleguen su voluntad en una pantalla.
El futuro pertenecerá a quienes conserven el pensamiento propio, se rebelen y desobedezcan contra las nuevas tecnologías y contra todos los políticos sin excepción alguna.
La verdadera amenaza es el hombre que deja de ser hombre.
Y algunos no estamos dispuestos a dar ese paso atrás.

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