YO, ANTIGLOBALISTA. Por Carlos Garcés.
Yo soy antiglobalista.
Y lo digo sin complejos, sin matices y sin necesidad de pedir permiso a nadie.
Ser antiglobalista no es una pose, ni una etiqueta cómoda para redes sociales. Es una posición moral, política y vital. Significa tener claro que lo único que me preocupa y me ocupa es España y los españoles, lo que sucede aquí, cada día, cada hora, en nuestros barrios, en nuestros pueblos y en nuestras ciudades. Todo lo demás es distracción.
Hablar constantemente de lo que ocurre en el extranjero no es inocente. Es una estrategia.
Mientras la atención se desvía hacia conflictos lejanos, líderes foráneos o decisiones tomadas a miles de kilómetros, en España se implementa de forma silenciosa, metódica y diaria la criminal y genocida AGENDA 2030. No como un debate, sino como un hecho consumado.
Un verdadero antiglobalista no pierde el tiempo opinando sobre lo que sucede fuera de sus fronteras, porque sabe que ese discurso solo sirve para anestesiar conciencias. El enemigo no está lejos: está aquí, incrustado en normas municipales, leyes autonómicas, directrices estatales y consignas mediáticas repetidas hasta la saciedad.
La AGENDA 2030 no es un horizonte amable ni un conjunto de buenas intenciones. Es un programa de control, de ingeniería social, de desposesión progresiva de soberanía individual y nacional entre otras muchas más cosas. Se aplica sin votarse, sin consultarse y sin permitirse el debate real.
Se aplica cuando se decide cómo debemos movernos, qué debemos consumir, cómo debemos vivir, qué lenguaje usar y qué valores aceptar.
Se aplica cuando se normaliza la vigilancia, la limitación, la dependencia y la obediencia.
Se aplica cuando se normaliza el aborto y la eutanasia.
Y se aplica porque nadie en el poder ni en la "oposicion" se opone a ella.
La gran mentira política:
Aquí conviene decirlo claro: NO HAY PARTIDOS ANTIGLOBALISTAS EN ESPAÑA.
Hay partidos que usan ese lenguaje para captar votos, pero que no cuestionan ni una sola de las estructuras globalistas. Todos permanecen en las mismas instituciones europeas y supranacionales. Todos acatan las mismas agendas. Todos callan o colaboran.
Salir de la criminal y genocida AGENDA 2030 exigiría decisiones reales:
– Recuperar soberanía.
– Romper dependencias.
–Abandonar estructuras que imponen políticas ajenas a los intereses nacionales.
Eso se llama AUTARQUÍA. Y nadie en la política institucional está dispuesto ni siquiera a pronunciar la palabra.
Autarquía no es aislamiento, es dignidad.
La autarquía no es cerrarse al mundo: es dejar de ser dirigido por él.
Es priorizar lo propio, decidir sin tutelas externas, producir, legislar y vivir en función de las necesidades reales del país y de su gente, no de agendas diseñadas en despachos lejanos.
Un antiglobalista entiende que sin soberanía no hay libertad, y que sin libertad no hay futuro. Por eso el primer paso para acabar con la criminal y genocida AGENDA 2030 no es discutirla, sino dejar de servirla rebelándose y desobedeciendo.
Centrarse o desaparecer:
Todo lo que no sea centrarse en España es dispersión.
Y toda dispersión favorece al sistema:
Hablar de lo ajeno mientras lo propio se desmantela es hacerle el juego al globalismo.
Callar ante la implementación diaria de la AGENDA 2030 es complicidad.
Aceptar el marco impuesto es rendición.
Yo no estoy dispuesto a eso.
Por eso digo, sin rodeos y sin concesiones:
YO SOY ANTIGLOBALISTA.
Y mientras otros miran fuera, yo miro aquí. Porque aquí es donde se debería librar la batalla real. Una batalla que, a día de hoy, resulta imposible con un pueblo obediente, sumiso y anestesiado en un 99,5 %.
4 de enero de 2026.

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