PAVAROTTI, DE LA MANO DE JOSÉ CARRERAS Y PLÁCIDO DOMINGO EN VERONA 2025. Por Carlos Garcés.
Hay homenajes que no necesitan explicación. Se sostienen por sí mismos, porque nacen de la verdad, no del artificio. El que tuvo lugar en 2025, en la Arena de Verona, dedicado a Luciano Pavarotti con motivo del noventa aniversario de su nacimiento, fue uno de ellos. No fue un evento más en una agenda cultural. Fue un acto de fidelidad.
Verona no es un escenario cualquiera. Es piedra, historia, memoria acumulada. Y allí, en ese espacio casi sagrado para la música, ocurrió algo que sólo sucede muy de vez en cuando: el pasado, el presente y la eternidad coincidieron durante unos minutos.
Subieron al escenario José Carreras y Plácido Domingo. No como mitos, no como supervivientes de una gloria pasada, sino como lo que realmente son: dos hombres que han compartido una vida entera con la música y con un tercero irrepetible. No hacía falta nombrarlo constantemente. Pavarotti estaba allí, en cada gesto, en cada silencio, en cada respiración contenida del público.
El homenaje se abrió con My Way. Y conviene detenerse ahí. Porque esa canción, tantas veces maltratada, sólo cobra sentido real cuando quien la canta ha vivido de verdad. Carreras y Domingo no la interpretaron: la ofrecieron. Como se ofrece algo íntimo. Como se ofrece un recuerdo que duele y, al mismo tiempo, reconcilia.
No hubo alardes. No hubo impostura. Las voces ya no son las de hace treinta años, y precisamente por eso fueron más honestas. Porque cuando el brillo juvenil se va, lo único que queda, si es que queda algo, es la verdad. Y aquella noche, la verdad llenó la Arena de Verona.
Luciano Pavarotti fue mucho más que un tenor extraordinario. Fue un hombre generoso con su don, alguien que entendió que la ópera no debía encerrarse en sí misma, sino abrirse al mundo sin perder dignidad. Por eso lo amaron millones de personas que nunca pisaron un teatro lírico. Por eso sigue siendo insustituible.
Ver juntos a Carreras y Domingo fue también una lección silenciosa sobre el tiempo. El arte auténtico envejece con nobleza. No se esconde. No se disfraza. Se muestra tal como es, con cicatrices incluidas. Y eso, hoy, es casi un acto de resistencia.
Este homenaje no cerró una etapa. La confirmó. Confirmó que Los Tres Tenores no fueron un fenómeno comercial, sino un acontecimiento cultural e histórico que ya pertenece al patrimonio emocional de varias generaciones. Y confirmó, sobre todo, que Pavarotti sigue siendo el centro, el punto de gravedad, la referencia inevitable.
El vídeo que acompaña esta publicación no es un simple documento. Es memoria viva. Es emoción sin maquillaje. Es una forma de decir que hay hombres que mueren… y otros que se quedan para siempre.
Luciano Pavarotti es uno de ellos.
21 de enero de 2026.


Comentarios
Publicar un comentario