IRÁN, VENEZUELA Y EL VIEJO TRUCO DE MIRAR FUERA PARA NO VER DENTRO, MIENTRAS AQUÍ SE PIERDE LA LIBERTAD, DE LA MANO DE TODA LA CASTA POLÍTICA E INSTITUCIONAL. Por Carlos Garcés
IRÁN, VENEZUELA Y EL VIEJO TRUCO DE MIRAR FUERA PARA NO VER DENTRO, MIENTRAS AQUÍ SE PIERDE LA LIBERTAD, DE LA MANO DE TODA LA CASTA POLÍTICA E INSTITUCIONAL. Por Carlos Garcés
En los últimos días estoy viendo, y recibiendo con insistencia, una alegría casi eufórica, por parte de los nuevos salvapatrias, por lo que supuestamente está ocurriendo en países como Irán o Venezuela. Me envían vídeos, mensajes y comentarios celebrándolo, como si estuviéramos asistiendo a un cambio histórico definitivo. Esa insistencia, esa alegría automática y poco reflexiva, es precisamente lo que me ha llevado a escribir estas líneas.
No comparto ese entusiasmo ni esa alegría casi infantil ante vídeos que anuncian que “el mundo va a cambiar”. Llevo demasiado tiempo viendo cómo se distrae a la gente con fuegos artificiales mientras lo verdaderamente grave avanza sin oposición ni resistencia.
El mundo no cambia para mejor cuando la práctica totalidad de la gente permanece callada ante la criminal y genocida AGENDA 2030, ante la proliferación de cámaras de control facial y de voz de la vía pública, ante las dañinas antenas 5G, ante la robotización deshumanizadora, ante protocolos criminales que han enfermado y matado a miles de personas sin que ni un solo político español ni mundial haya pisado la cárcel.
A todo ello se suma algo aún más inquietante: la robotización acelerada de la sociedad y la transhumanización del Ser Humano, presentadas como progreso inevitable. Se avanza hacia un modelo en el que el hombre deja de ser persona para convertirse en dato, algoritmo o pieza sustituible. No se trata solo de controlar conductas, sino de diluir al Ser Humano hasta hacerlo desaparecer como sujeto libre, consciente y moralmente responsable.
No cambia cuando se aceptaron bozales, confinamientos, imposiciones y censura sin apenas protestar.
No cambia cuando se guarda un silencio cómplice ante el aborto y la eutanasia, convertidos en supuestos Derechos mientras se elimina al más débil.
No cambia cuando se celebra cualquier revuelta lejana, pero se ignora la pérdida diaria de libertades en casa.
Además, cada país debería preocuparse de lo suyo. A mí no me tranquiliza ni me entusiasma lo que ocurra en países lejanos mientras en el país donde vivimos se pierden Derechos, se normaliza el control y se destruyen principios básicos sin apenas rebeldía. Lo que de verdad debería preocuparnos es lo que a diario está pasando aquí a la descarada en pueblos ciudades y barrios, no lo que ocurre fuera.
Mientras la gente se emociona con vídeos virales y profecías optimistas, el control avanza, la vigilancia se normaliza y la dignidad humana se degrada.
No necesito que me digan que “todo va a cambiar”; lo que necesito es que la gente despierte, deje de aplaudir y empiece a pensar, cuestionar y a rebelarse contra todos los que viven de la política o tienen intereses en ella sin excepción alguna.
Porque los sistemas no caen por vídeos ni por alegrías pasajeras, caen cuando los pueblos dejan de obedecer y de mirar hacia otro lado..
Carlos Garcés.
11 de enero de 2026.
"SENATOR". Carlos Garcés.

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