ESPAÑA: DÉCADAS DE INTERVENCIÓN SILENCIOSA. Por Carlos Garcés.

 


ESPAÑA: DÉCADAS DE INTERVENCIÓN SILENCIOSA. Por Carlos Garcés.

El cartel es solo el punto de partida. Una frase incómoda, directa, que muchos preferirán despachar con un insulto o una descalificación rápida antes que enfrentarse a la realidad que encierra. Pero la realidad es tozuda: España lleva décadas perdiendo soberanía nacional, y no por una invasión militar, sino por una cesión progresiva, voluntaria y servil de poder político, económico y social desde su entrada en la Unión Europea.

España ingresó en la entonces Comunidad Económica Europea en 1986. Se nos vendió como un salto hacia la modernidad, la prosperidad y el progreso. Y durante un tiempo, la ilusión funcionó. Pero lo que no se dijo —o se ocultó deliberadamente— es que cada tratado europeo suponía menos capacidad de decisión propia, menos margen de maniobra, menos Estado y más obediencia.

Hoy, España no decide sus políticas fundamentales.
No decide su política monetaria: el euro y el Banco Central Europeo mandan.
No decide su política presupuestaria: Bruselas fija déficits, límites de gasto y prioridades.
No decide su política industrial: las deslocalizaciones y cierres se aceptan como dogma.

No decide su política energética: se destruye el sector primario y se demoniza lo propio en nombre de dogmas “verdes”.
No decide su política migratoria: las cuotas y directrices llegan impuestas.
No decide su política agrícola: el campo español ha sido sacrificado en beneficio de intereses ajenos.

Y lo más grave: España no decide ya ni su modelo social, porque ese modelo viene dictado desde una Europa que hace tiempo dejó de representar a los pueblos para ponerse al servicio de una élite globalista, perfectamente alineada con la llamada Agenda 2030.

La criminal y genocida AGENDA 2030 no es un documento inocente ni neutral. Es un marco ideológico, político y económico que redefine conceptos básicos como trabajo, propiedad, familia, alimentación, energía o libertad individual. Y se impone sin debate real, sin referéndums vinculantes, sin consultar a los ciudadanos. Se aplica porque nuestros políticos —todos, sin excepción— han aceptado ser intermediarios obedientes, gestores locales de decisiones tomadas fuera de España.
Aquí conviene subrayarlo sin rodeos:
todos nuestros partidos políticos están vendidos.

Unos con entusiasmo, otros con resignación, otros fingiendo oposición mientras votan lo mismo en Bruselas. Cambian los discursos, cambian las siglas, pero la sumisión es idéntica.

España ha pasado de ser una nación con capacidad de decidir su rumbo a convertirse en una administración subordinada, ejecutora de órdenes externas. Eso es una intervención, aunque no lleve tanques ni uniformes.

Frente a este panorama, hablar de autarquía económica no es nostalgia ni radicalismo: es sentido común soberanista. Significa recuperar capacidad productiva propia, proteger sectores estratégicos, garantizar soberanía alimentaria, energética e industrial. Significa volver a decidir qué producimos, cómo y para quién, sin depender permanentemente de mercados, organismos y agendas que no responden a los intereses del pueblo español.

La AUTARQUÍA no es aislamiento; es dignidad nacional. Es tener la libertad de comerciar sin estar encadenados. Es poder decir “no” cuando lo que se nos impone va contra nuestra economía, nuestra cultura o nuestra supervivencia como nación.

Mientras tanto, nos entretienen hablando de Venezuela, de intervenciones ajenas, de amenazas externas… para que no miremos lo evidente:
España lleva décadas intervenida, despojada de soberanía y gobernada por una clase política que ha renunciado a defenderla.
Ese es el verdadero debate.
Todo lo demás es ruido.

Carlos Garcés.
11 de enero de 2026.












"SENATOR". Carlos Garcés.

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