EL ABANDONO DE NUESTROS MAYORES: UNA IGNOMINIA SOCIAL QUE AVERGÜENZA A ESPAÑA. Por Carlos Garcés.



EL ABANDONO DE NUESTROS MAYORES: UNA IGNOMINIA SOCIAL QUE AVERGÜENZA A ESPAÑA. Por Carlos Garcés.

Juan y Medio, con la sencillez y la verdad de quien convive a diario con la realidad de las personas mayores, lo dijo sin medias tintas: «Antes la familia se hacía cargo; hoy, la gente está sola en su casa». No es una frase anecdótica ni una queja más: es una acusación directa que desnuda la cobardía moral de una sociedad que ha decidido olvidar a sus ancianos.

Lo que debería provocar vergüenza, dolor y una reacción inmediata pasa hoy casi desapercibido, diluido entre polémicas artificiales y debates estériles. Pero esto no es una noticia más: es la traición de una generación entera. Aquellos que levantaron nuestras calles, nuestras casas y nuestros barrios hoy envejecen en silencio, solos, invisibles.

1. La soledad de la vejez: un crimen consentido.
Lo que relata Juan y Medio, una soledad masiva de ancianos confinados en sus casas, sin apenas compañía familiar, no es una exageración mediática. Es una realidad cotidiana que se percibe en cada barrio, en cada escalera, en cada puerta que permanece cerrada durante días enteros sin que nadie llame.
Antes, la cultura familiar era otra. Los mayores no eran un obstáculo ni una carga: eran el pilar del hogar, la memoria viva de la familia, el punto de referencia moral. Hoy, en cambio, muchos ancianos están apartados como si su vida ya no tuviera valor.

2. Un sufrimiento que no aparece en las estadísticas.
Más allá de los números, existe un sufrimiento que no se mide en informes ni en porcentajes. Ancianos con dependencia reconocida que esperan ayudas que no llegan, sistemas lentos y deshumanizados, y una administración incapaz de responder con dignidad a quienes más lo necesitan.

Mientras tanto, la sociedad mira hacia otro lado. ¿Cuántas veces hemos visto a un anciano abandonado en una vivienda sin visitas ni apoyo? ¿Cuántas familias creen que su responsabilidad termina cuando llega la jubilación, como si el amor tuviera fecha de caducidad?

3. Indiferencia social: egoísmo, comodidad y cobardía.
No podemos seguir disfrazando la indiferencia con palabras suaves. Que un anciano esté solo no es una “circunstancia”: es un fracaso ético. Es el resultado de una cultura que prioriza la comodidad personal, el consumo y el ocio frente al vínculo humano.
Hoy muchos hijos y nietos prefieren una pantalla, un viaje o una agenda llena antes que sentarse a escuchar a quien les dio todo. Y así, poco a poco, se normaliza el abandono.

4. Juventud robotizada, desconectada y sin raíces.
Este abandono no es ajeno a la robotización de la juventud actual. Jóvenes educados más por pantallas que por valores, más conectados a algoritmos que a personas, incapaces muchas veces de mirar a los ojos a un anciano o de comprender su valor humano.
No se les ha enseñado a cuidar, a respetar la experiencia, a asumir responsabilidades intergeneracionales. Se les ha educado en la inmediatez, en el individualismo y en una falsa autonomía que rompe los lazos familiares. El resultado es una juventud desconectada emocionalmente y unos mayores condenados a la soledad.

5. El desprecio político: de VOX a PODEMOS 
Y mientras esto ocurre, todos los partidos políticos, sin excepción, de VOX a PODEMOS, utilizan a los mayores como argumento electoral mientras los abandonan en la práctica. Discursos vacíos, promesas huecas y una instrumentalización constante de la vejez sin un compromiso real y humano.
Ningún partido ha hecho de la dignidad del anciano una prioridad moral. Todos hablan, ninguno actúa con la profundidad que el problema exige. Los mayores no necesitan propaganda: necesitan presencia, respeto y políticas con alma.

6. La soledad no es una elección digna
La vejez no debería ser sinónimo de soledad. La soledad no es inevitable: es el reflejo exacto de lo que hemos permitido como sociedad. Podemos exigir recursos y servicios, y debemos hacerlo, pero hay algo que no se legisla: la conciencia personal.
¿Cómo hemos llegado a una España donde millones de ancianos pasan los días sin una palabra amable, sin un abrazo, sin una visita? ¿En qué momento decidimos que esto era aceptable?

7. Una acusación que no admite excusas
Juan y Medio no pronunció un discurso político. Se limitó a describir lo que ve cada día. Y esa descripción no es neutra: es una acusación directa a una sociedad que ha fallado a los suyos.
No podemos seguir diciendo “yo cumplo” o “mi caso es distinto”. El abandono de nuestros mayores no es un asunto privado: es el síntoma más claro de una decadencia moral colectiva.

Conclusión:
Abandonar a nuestros mayores no solo es cruel: es vergonzoso.
Ignorar su presencia, su sabiduría, su historia y su dignidad es rechazar la humanidad en estado puro.
Y si no reaccionamos, la pregunta no será si fallamos a nuestros mayores, sino si todavía nos queda conciencia para reconocerlo.

Carlos Garcés.
22 de enero de 2026.









"SENATOR". Carlos Garcés.

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