CUANDO TIRAR LA BASURA SE CONVIERTE EN UN ACTO VIGILADO. Parte I: del civismo al control social. Por Carlos Garcés.
CUANDO TIRAR LA BASURA SE CONVIERTE EN UN ACTO VIGILADO.
Parte I: del civismo al control social. Por Carlos Garcés.
Hay momentos en los que uno se pregunta en qué instante exacto se perdió el sentido común.
Y uno de esos momentos es cuando para tirar la basura hay que pedir permiso a una llave electrónica, a una tarjeta, a un sistema “inteligente” conectado quién sabe a qué servidor y quién sabe para qué fines. No, no es modernidad. No es progreso. No es ecología. Es control.
Durante décadas, siglos, los ciudadanos han sabido perfectamente cómo tirar la basura sin necesidad de ser monitorizados, registrados o identificados. Hoy, sin embargo, algunos ayuntamientos pretenden convencernos de que abrir un contenedor sin una llave electrónica es poco menos que un atentado contra el planeta.
La pregunta es simple:
¿por qué hay que identificar al ciudadano para un acto tan básico como deshacerse de sus residuos?
La respuesta es aún más simple:
porque no se trata de basura, se trata de obediencia.
Todo esto se disfraza bajo el mantra mágico de la criminal y genocida AGENDA 2030, ese cajón de sastre donde cabe cualquier ocurrencia autoritaria siempre que venga acompañada de palabras como “sostenible”, “verde”, “inclusivo” o “responsable”.
Pero no hay nada sostenible en tratar al ciudadano como a un sospechoso permanente.
No hay nada ecológico en imponer sistemas caros, invasivos y excluyentes.
Y no hay nada responsable en complicar la vida a personas mayores, trabajadores, familias o vecinos que simplemente quieren vivir sin ser vigilados.
Estos contenedores con llave electrónica no están pensados para facilitar nada.
Están pensados para medir, registrar, cruzar datos y, mañana, sancionar.
Hoy es la basura.
Mañana será el consumo de agua.
Pasado mañana, la electricidad.
Después, la movilidad.
Y al final, tu vida entera convertida en un código de barras.
Quien no quiera ver esto es porque no quiere verlo.
Estamos ante un modelo que infantiliza al ciudadano y lo trata como a un incapaz moral, alguien al que hay que decirle cuándo, cómo y cuántas veces puede tirar una bolsa de basura.
Esto no es civismo.
Esto es ingeniería social.
Y sí, llamémoslo sin miedo: es una forma de terrorismo administrativo, un acoso constante, frío, burocrático, que no necesita porras ni uniformes porque se ejerce desde una app, una tarjeta o una llave electrónica.
El verdadero progreso es confiar en el ciudadano, no vigilarlo.
Es educar, no imponer.
Es simplificar, no complicar.
Es servir, no controlar.
Todo lo demás es absurdo, demente y profundamente peligroso.
Porque el día que aceptamos que para tirar la basura necesitamos permiso, dejamos de ser ciudadanos y pasamos a ser sujetos controlados. No es civismo, no es ecología y no es progreso: es vigilancia. Es poder decidiendo hasta los actos más elementales de la vida cotidiana. Y cuando un sistema necesita identificarte para que abras un contenedor, el problema no es la basura, sino un modelo político que desconfía del ciudadano y lo somete. Eso no es democracia. Es control social y esclavitud criminal. Y hay que decirlo sin miedo.
Y que nadie se engañe: este sistema no se sostiene solo por los políticos y burócratas que lo imponen, sino por la legión de obedientes sin pensamiento propio que lo aceptan, lo aplauden y lo cumplen con una sonrisa estúpida. Esos que bajan la cabeza, sacan la tarjetita, usan la llave y encima se creen ciudadanos ejemplares. No lo son: son idiotas útiles, zombis domesticados, engranajes voluntarios de un mecanismo de control que los desprecia. Gente que ha renunciado a pensar, a cuestionar y a decir “no”, y que prefiere la comodidad de la obediencia a la dignidad de la libertad. Gracias a ellos el abuso se normaliza, el control avanza y la esclavitud administrativa se convierte en costumbre. No son víctimas: son cómplices. Y la historia siempre ha sido implacable con los cobardes que, pudiendo resistir, eligieron obedecer.
La vigilancia y el control social que hoy vemos en los contenedores no solo es absurda: también es ilegal. Descubre en la Parte II cómo la ley desmonta estos sistemas y protege al ciudadano.
12 de enero de 2026.

Comentarios
Publicar un comentario