ABASCAL Y SUS REFERENTES: CUANDO LA MORAL SE SACRIFICA POR AFINIDAD. Por Carlos Garcés.

ABASCAL Y SUS REFERENTES: CUANDO LA MORAL SE SACRIFICA POR AFINIDAD. Por Carlos Garcés.

En política, los referentes no son anecdóticos. No se eligen al azar ni por descuido. Se eligen porque representan algo que uno admira, tolera o está dispuesto a justificar. Por eso, cuando un dirigente señala públicamente a alguien como modelo, revela su propia escala de valores, sin trampas ni rodeos.

Santiago Abascal ha declarado en varias ocasiones que Fernando Sánchez Dragó fue para él un referente intelectual y personal. No solo eso: lo llevó a actos públicos, lo paseó por mítines y lo presentó como una figura íntegra y admirable. Ese hecho, por sí solo, ya exige un juicio moral profundo.

Fernando Sánchez Dragó no fue controvertido por una opinión política incómoda ni por una disidencia ideológica. Fue polémico por sus propias declaraciones públicas, realizadas en libros y entrevistas, en las que afirmó haber mantenido relaciones sexuales con niñas de 13 años y expresó abiertamente que le gustaba hacerlo. No son rumores ni interpretaciones: son palabras suyas, dichas sin coacción ni ocultamiento. Esa actitud provocó rechazo social y su salida de Telemadrid, no por ideología, sino por incompatibilidad ética con cualquier estándar mínimamente aceptable en el espacio público.

Aquí no hay debate sobre censura, ni libertad de expresión, ni provocación literaria. Estamos ante algo elemental: la normalización verbal de conductas sexuales de adultos hacia menores. Y aunque no haya condena judicial, las declaraciones públicas hablan por sí mismas y no admiten relativismo moral.

Lo grave no es solo lo que dijo Sánchez Dragó. Lo verdaderamente grave es que Abascal decidió reivindicarlo como referente. Nadie convierte en modelo a quien considera moralmente inaceptable. Esa elección revela sin margen de duda qué considera Abascal tolerable, aceptable y digno de admiración.

No se puede proclamar defensa de la infancia, de la familia o de los valores mientras se ensalza a quien verbalizó conductas moralmente inaceptables. No se puede exigir ejemplaridad a los demás mientras se absuelve lo inadmisible cuando conviene al relato propio.

Esto no es una cuestión de derecha o izquierda. No es política partidista. Es una cuestión de principios y valores básicos. Y cuando esos principios se sacrifican por afinidad ideológica o cálculo político, lo que se revela no es un error pasajero, sino la auténtica dimensión moral del dirigente.

En política, como en la vida, uno es responsable no solo de lo que dice, sino de a quién legitima y a quién eleva como ejemplo. Y cuando el ejemplo elegido ha normalizado conductas inaceptables hacia menores, ese juicio de valor no se borra ni con excusas ni con declaraciones posteriores.

Al final, los referentes no hablan tanto de a quién se admira como de quién es uno mismo. Y ahí, muy claro, se ve la clase de principios y valores que tiene o dice defender Santiago Abascal. Ahí se ve.

Carlos Garcés.
27 de enero de 2026.


Jorge Buxade elogiando a Sánchez Dragó.












"SENATOR". Carlos Garcés.

Comentarios