HOMENAJE A UN SANITARIO DESPEDIDO POR NEGARSE A LLEVAR MASCARILLA. Por Carlos Garcés.
Me gustaría saber quién es ese profesional para rendirle un homenaje.
Porque en un país donde, hoy mismo, las autoridades han vuelto a imponer la mascarilla obligatoria en centros sanitarios, hospitales, centros de salud y residencias ante el repunte de la gripe y otras infecciones respiratorias, (rechazar esa obligación no es un gesto menor: es una demostración de coherencia, dignidad y valentía personal frente a la imposición normativa.
Según información reciente en Cataluña, que sirve de ejemplo de lo que está ocurriendo en varias comunidades, el Govern ha decretado que a partir de diciembre la mascarilla sea obligatoria en todos los centros sanitarios y residencias para contener el avance de la gripe, respaldando la medida con argumentos de protección de vulnerables y transmisión alta de infecciones.
Pues bien, despedir a un sanitario por negarse a aceptar esa obligación no es un hecho aislado ni trivial. Es la cara humana y dramática de una política criminal que se implementa sin el más mínimo debate social real sobre libertad personal, riesgo y proporcionalidad. Y eso da mucho que pensar.
Porque no se trata de si las mascarillas “funcionan” o “no funcionan”.
Se trata de quién decide, cómo se decide y qué consecuencias tiene para una persona negarse a cumplir una norma ilícita e ilegal que lo expone todo, su trabajo, su sustento, su dignidad, por una cuestión de conciencia individual.
Ese gesto, que supone una renuncia personal dolorosa, merece al menos un reconocimiento.
Y demuestra algo que ya sabemos: no son estas políticas las que realmente mandan las normas ni las que moldean la opinión pública.
Son las reacciones de quienes no se conforman con obedecer sin entender, de quienes no se doblegan al argumento repetido de que “es por el bien común”, de quienes se arriesgan ante lo que consideran injusto.
En una sociedad en la que incluso las autoridades sanitarias vuelven a imponer mascarillas obligatorias, algo que se documenta y aplica en varios territorios con el argumento de un riesgo epidemiológico aumentado, la historia del sanitario despedido es un espejo de lo que está pasando: no hay debate, solo imposición y obediencia.
Y por eso merece la pena preguntarse:
¿quién es ese sanitario? ¿qué historia tiene? ¿qué le llevó a negarse?
Porque si hay algo que deberíamos homenajear en estos tiempos es la coherencia personal frente al automatismo de la obediencia. Y eso, hoy, debería contarse para que todos comprendamos la magnitud real de lo que estamos viviendo.
Y conviene decirlo alto y claro, para que no haya trampas ni equidistancias: NO HAY NI UN SOLO POLÍTICO EN ESTE PAÍS QUE HAYA ALZADO LA VOZ CONTRA ESTA OBLIGACIÓN O IMPOSICIÓN. NI UNO. NINGÚN PARTIDO, NINGUNA SIGLA, NINGÚN SUPUESTO “DEFENSOR DE LA VIDA, LIBERTAD Y DIGNIDAD”. SILENCIO ABSOLUTO. Y esta es una prueba más que se demostró a diario y con creces en la falsa pandemia y enfermedad del COVID de la sumisión total de TODOS sin excepción a la criminal y genocida AGENDA 2030.
Mientras se despide a un sanitario por negarse a obedecer, la clase política calla, mira hacia otro lado o justifica lo injustificable. Ese silencio no es casual: es complicidad. Y retrata con una claridad brutal lo que hoy es la política en España: gestora de órdenes, no defensora de ciudadanos.
Por eso este homenaje no es solo para un profesional concreto, sino para todos aquellos que, sin micrófonos ni escaños, siguen teniendo conciencia cuando los que mandan ya no la tienen. Porque cuando nadie de arriba se atreve a hablar, los únicos que mantienen la dignidad son los que pagan el precio más alto.
Y eso dice mucho más de nuestro tiempo que cualquier discurso y circo parlamentario.
14 de diciembre de 2025.

Protección de Derechos en tiempos de mascarillas:. Fallos judiciales a favor del trabajador:
ResponderEliminarEn España existen casos claros en los que la Justicia ha dado la razón al trabajador que se negó a llevar mascarilla, siempre que concurrieran circunstancias específicas relacionadas con derechos fundamentales o motivos médicos acreditados. Por ejemplo, en febrero de 2022, el Juzgado de lo Social nº 1 de Oviedo declaró improcedente el despido de un trabajador que se negó a usar mascarilla en una formación obligatoria de prevención de riesgos laborales, al aportar un justificante médico que lo eximía de su uso. El tribunal subrayó que la empresa no podía exigir datos médicos confidenciales ni despedir al empleado por esa razón, ordenando su indemnización o readmisión (noticias.juridicas.com). De manera similar, en enero de 2024, el Tribunal Superior de Justicia del Principado de Asturias falló que una mutua no podía retirar la prestación de incapacidad temporal a un trabajador asmático que se negó a llevar mascarilla durante un reconocimiento médico, al estar justificada por su condición de salud (cincodias.elpais.com).
Estos fallos evidencian que, cuando existe un motivo médico debidamente acreditado o se protegen Derechos Fundamentales, la Justicia española puede proteger al trabajador frente a sanciones o despidos relacionados con la negativa a usar mascarilla, incluso aunque existan normas sanitarias o empresariales que la impongan. En este sentido, se protegen derechos contemplados en la Constitución Española, como la integridad física y moral (art. 15 CE), la libertad ideológica y de conciencia (art. 16 CE), así como la dignidad personal (art. 10 CE). Además, la Ley 41/2002 de Autonomía del Paciente establece que cualquier intervención que afecte a la salud requiere consentimiento informado, lo que incluye la aceptación voluntaria de medidas que puedan impactar en la integridad física o generar molestias, como el uso prolongado de mascarilla.
Por tanto, estas sentencias y el marco legal aplicable confirman que la obligación de mascarilla no es absoluta ni puede vulnerar Derechos fundamentales, y que los tribunales españoles han sabido equilibrar la prevención sanitaria con la protección de los Derechos y la salud del trabajador