LA DECISIÓN DE NO MARCHARSE. Por Carlos Garcés.


LA DECISIÓN DE NO MARCHARSE. Por Carlos Garcés.

Hay situaciones en la vida que no se cuentan. No porque no existan, sino porque pertenecen a un ámbito donde la discreción deja de ser una opción para convertirse en una forma de respeto.

En los últimos tiempos estoy viviendo una de esas experiencias que no se explican fácilmente. No por falta de palabras, sino porque las palabras, en ocasiones, resultan insuficientes o incluso inoportunas.

Cuidar de alguien, acompañar, estar… son verbos sencillos en apariencia, pero adquieren otra dimensión cuando la vida se vuelve frágil.

Es entonces cuando todo cambia.

Cambian los ritmos, cambian las prioridades, cambia incluso la forma de entender el tiempo. Lo que antes parecía urgente deja de tener importancia, y lo que parecía secundario se convierte en esencial. Una presencia, un gesto, un silencio compartido… cosas que el mundo moderno ha dejado de valorar, pero que en ciertos momentos lo son todo.

No entraré en detalles. No es necesario.

Basta decir que hay experiencias que colocan a la persona frente a sí misma. Sin distracciones. Sin discursos. Sin posibilidad de fingir. Y es ahí donde uno descubre, sin adornos, qué significa realmente estar al lado de otro ser humano.

Vivimos en una sociedad que habla mucho, quizá demasiado, sobre la vida, la dignidad y los derechos. Pero hay realidades que no se comprenden desde la teoría, ni desde un despacho, ni desde un titular. Solo se comprenden desde la cercanía, desde el compromiso silencioso, desde la permanencia.

Porque hay algo que no se puede legislar: la decisión de no marcharse.

De seguir ahí.

De sostener, en la medida de lo posible, aquello que se debilita.

Sin hacer ruido.

Sin esperar reconocimiento.

Simplemente estando.

Tal vez por eso, algunas de las lecciones más profundas no se enseñan, no se escriben y no se proclaman. Se viven en silencio. Y, en muchos casos, se quedan en ese mismo silencio.

Pero incluso sin palabras, dejan huella.

Y enseñan algo que esta época parece haber olvidado: que cuidar a otro ser humano, cuando más lo necesita, sigue siendo uno de los actos más serios, más exigentes y, al mismo tiempo, más humanos que existen.

Carlos Garcés.
23 de marzo de 2026.









"SENATOR". Carlos Garcés.

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